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La casa latinoamericana moderna
Este libro presenta veinte ejemplos de las casas y los arquitectos más significativos de la arquitectura de la segunda mitad del siglo XX en países como México (Luis Barragán, Max Cetto, Enrique del Moral, Francisco Artigas y Augusto H. Álvarez), Colombia (Guillermo Bermúdez), Venezuela (Carlos Raúl Villanueva), Brasil (Lina Bo Bardi, Oscar Niemeyer, Rino Levi, Mendes da Rocha y Vilanova Artigas), Argentina (Amancio Williams y Antonio Bonet) y Chile (Christian de Groote y Cristián Valdés). También se incluyen arquitecturas foráneas de autores como Le Corbusier, Gio Ponti y John Lautner, y una casa de Eduardo Catalano en Estados Unidos. La selección viene precedida por un recorrido histórico que explica las claves para entender la singularidad de la casa latinoamericana moderna en el contexto internacional, desde sus inicios hasta la década de 1970.
Descripción técnica del libro:
Este libro presenta veinte ejemplos de las casas y los arquitectos más significativos de la arquitectura de la segunda mitad del siglo XX en países como México (Luis Barragán, Max Cetto, Enrique del Moral, Francisco Artigas y Augusto H. Álvarez), Colombia (Guillermo Bermúdez), Venezuela (Carlos Raúl Villanueva), Brasil (Lina Bo Bardi, Oscar Niemeyer, Rino Levi, Mendes da Rocha y Vilanova Artigas), Argentina (Amancio Williams y Antonio Bonet) y Chile (Christian de Groote y Cristián Valdés). También se incluyen arquitecturas foráneas de autores como Le Corbusier, Gio Ponti y John Lautner, y una casa de Eduardo Catalano en Estados Unidos. La selección viene precedida por un recorrido histórico que explica las claves para entender la singularidad de la casa latinoamericana moderna en el contexto internacional, desde sus inicios hasta la década de 1970.
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Contenidos: La casa unifamiliar moderna. Aportaciones latinoamericanas [1915-1975] Carlos Eduardo Dias Comas La casa latinoamericana moderna. 20 paradigmas de mediados del siglo XX. Miquel Adriá CASA CETTO Max Cetto, El Pedregal, Ciudad de México, México, 1949 CASA BARRAGÁN Luis Barragán, Tucubaya, Ciudad de México, México, 1949 CASA DEL MORAL Enrique del Moral, Ciudad de México, México, 1949 CASA DEL RISCO Francisco Artigas, El Pedregal, Ciudad de México, México, 1952 CASA ÁLVAREZ Augusto H. Álvarez, San Ángel, Ciudad de México, México, 1961 CASA MARBRISAJohn Lautner, Acapulco, México, 1973 CASA BERMÚDEZ Guillermo Bermúdez, Santa Fe de Bogotá, Colombia, 1952 CASA SOTAVENTO Carlos Raúl Villanueva, Caraballeda, Venezuela, 1957-1958 VILLA PLANCHART Gio Ponti, Caracas, Venezuela, 1953-1958 CASA CANOAS Oscar Niemeyer, São Conrado, Río de Janeiro, Brasil, 1952-1953 SEGUNDA CASA DEL ARQUITECTO João Vilanova Artigas, São Paulo, Brasil, 1949 CASA DE VIDRIO Lina Bo Bardi, Morumbi, São Paulo, Brasil, 1947-1951 CASA GUPER Rino Levi, São Paulo, Brasil, 1951 CASA PMR Paulo Mendes da Rocha, São Paulo, Brasil, 1964-1966 CASA DEL ARROYO Amancio Williams, Mar del Plata, Argentina, 1943-1945 CASA CURRUTCHET Le Corbusier, La Plata, Argentina, 1948-1949 CASA CATALANO Eduardo Catalano, Raleigh, Carolina del Norte, EE UU, 1953-1955 LA RINCONADA Antonio Bonet, Punta Ballena, Argentina, 1948 CASA EN LA CALLE LOTA Christian de Groote, Comuna de Providencia, Chile, 1961 CASA VALDÉS Cristián Valdés, Santiago de Chile, Chile, 1966-1967 Créditos fotográficos |
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Extracto de la Introducción: La casa moderna. Veinte paradigmas latinoamericanos de mediados del siglo XX Miquel Adrià Las casas seleccionadas en este libro son notables ejemplos de la arquitectura moderna latinoamericana de mediados del siglo XX. Son paradigmas domésticos de reconocidos arquitectos que reaccionan activa o pasivamente ante la modernidad internacional, importando los modelos racionalistas o interpretando, desde parámetros locales, las claves del movimiento moderno y de la tradición. Todas ellas son referencia obligada entre sus contemporáneos, por su radicalidad o por el impacto innovador de las propuestas; también por la influencia ejercida sobre generaciones posteriores como modelo a seguir, en algunos casos, o como alusión implícita para posicionarse en relación a ellas. La casa, más allá de la vivienda como tipología, como elemento original y como modelo, es un manifiesto y un cúmulo de intenciones vertebradas arquitectónicamente. Es desde la casa -la propia en muchos casos- desde donde el arquitecto define su posición, a veces precozmente y otras como un reflexivo acto de madurez. Desde la casa única, sus autores se muestran militantemente modernos o toman distancia del estilo internacional. La casa se convierte en una demostración de la actitud del arquitecto ante el lugar, lo vernáculo y la modernidad. Cincuenta años después, sería imposible referirse a la arquitectura mexicana sin pasar por la casa Barragán, u obviar a Oscar Niemeyer para entender la modernidad brasileña. De igual modo, sería injusto aislar la cultura latinoamericana del contexto internacional del que se impregna y al que alimenta. Así, en esta selección, junto a arquitectos de distintos países de Latinoamérica, aparecen obras construidas en territorio latinoamericano de arquitectos procedentes de Europa y Estados Unidos. Y, a la inversa, se presentan obras de arquitectos latinoamericanos fuera del territorio de referencia. Los límites Este análisis plantea ante todo dos cuestiones referidas al tema en sí y a sus límites. El tema doméstico -la casa como laboratorio- permite articular este ensayo alrededor de un programa común, analizando las distintas actitudes de los arquitectos latinoamericanos, entre ellos y referidos a sus colegas internacionales. Los obligados límites en todo análisis se remiten al marco temporal de referencia -mitad del siglo XX-, con la ambigüedad suficiente como para integrar los grandes maestros de la modernidad latinoamericana. Se refieren también a los límites físicos territoriales, resueltos en el sentido más laxo, considerando como latinoamericana toda casa construida en Latinoamérica -independientemente de la procedencia de su autor- o por un arquitecto de procedencia latinoamericana dondequiera que esté ubicada. Latinoamérica, el lugar Así pues, Latinoamérica se asume en su interpretación más amplia, como una unidad geográfica a veces discutida pero aceptada, con lazos de distinta intensidad entre sus miembros (Cono Sur, Brasil, Venezuela, Colombia, México y Centroamérica). Al incluir en esta interpretación geográfica alguna obra realizada por latinoamericanos fuera del propio territorio, como ejemplo de interacción, se asume y reivindica a Latinoamérica no sólo como un territorio colonizable, sino como un lugar capaz de exportar su propia interpretación de la modernidad y de medirse fuera de sus límites. No se trata de homologar Latinoamérica en una internacionalidad anodina, amorfa y homogeneizadora, sino de incorporar la particularidad y complejidad de un territorio unido por una geografía, unas lenguas y una historia. Decía a propósito William Curtis que el análisis de la identidad "latinoamericana" debe analizarse cuidadosamente como lo que es: un entramado ideológico que ha luchado con el problema de integrar lo nuevo y lo antiguo, lo hispánico y lo prehispánico, el centro y la religión, la ciudad y el campo, lo cosmopolita y lo indígena, lo moderno y lo mestizo, lo nacional y lo internacional. Así, la cultura arquitectónica -y el resto de culturas también- se ha desarrollado durante el siglo XX en una serie de vaivenes pendulares entre la modernidad internacionalista y acrítica -la fascinación paneuropea de Argentina, por ejemplo- y las reivindicaciones militantes de la diferencia latina, basadas en la limitación a unos pocos materiales vernáculos y en la renuncia a las nuevas tecnologías. Tiempo: mitad del siglo XX El período "mitad del siglo XX" es lo suficientemente impreciso como para incluir arquitecturas deliberadamente militantes de la modernidad internacional -que podríamos llamar segunda generación-, como la denominada tercera generación que incorpora un cierto sentido crítico a los postulados del movimiento moderno e integra las particularidades del lugar y la idiosincrasia de sus gentes. En 1968 se produce la inflexión. La ruptura social en México, tras el desgarramiento de la matanza de Tlatelolco, será el parteaguas entre la fe en un futuro siempre mejor y la desconfianza en el progreso. Antecedentes A lo largo del siglo XX, dos grandes corrientes unificadoras recorren Latinoamérica: primero el racionalismo del movimiento moderno, y después, un movimiento hacia lo vernáculo, en un esfuerzo de aspiración a la modernidad y de afirmación de la identidad. El movimiento moderno fue más allá de particularidades nacionales, y unificó en un lenguaje común las arquitecturas de los años cuarenta y cincuenta. Figuras notabilísimas como Oscar Niemeyer, Lucio Costa o João Vilanova Artigas en Brasil, Carlos Raúl Villanueva en Venezuela, y Juan OGorman, Mario Pani, José Villagrán García y Augusto H. Álvarez en México, por sólo citar a algunos, fueron apóstoles del funcionalismo internacional. No faltaba conexión entre ellos ni con arquitectos europeos y estadounidenses, a la vez que eran propagadores de la nueva fe desde sus revistas y sus cátedras. Era el Zeitgeist, el espíritu de los tiempos, y no daban cabida a inflexiones regionales. Además, durante la década de 1930, la cuestión de los ingredientes regionales o nacionales pasó a ser un tema tabú, debido, posiblemente, a la preponderancia que tenía lo tradicionalista en los programas fascistas y nazis. Una primera generación de arquitectos latinoamericanos funcionalistas, representada a veces por arquitectos recién inmigrados, como Gregori Warchavchik, en São Paulo, el mexicano Mario Pani o Carlos Raúl Villanueva, en Caracas -todos ellos formados en Europa-, serán los primeros propagadores del discurso racionalista europeo, fusionado con la disciplina compositiva de las escuelas beaux arts. A ellos se unirán las jóvenes generaciones dispuestas a dar forma a la emergente ideología comunista, dentro del corsé de la modernidad. Tal sería el caso del joven Juan OGorman, que a sus veinticinco años aunó las imágenes de revistas de las últimas obras de Le Corbusier -con la casa-estudio Ozenfant- a la radicalidad racional y constructiva, en sus estudios para los pintores Diego Rivera y Frida Kahlo, quienes ostentaban el liderazgo -y el glamour- de las nuevas doctrinas comunistas e internacionalistas. La llamada 'tercera generación' del movimiento moderno tuvo en Latinoamérica sus mejores representantes. Al igual que otros arquitectos -como Jørn Utzon, José Antonio Coderch y Louis I. Kahn-, Lina Bo Bardi desde Brasil y Luis Barragán desde México rechazaron el exceso de formalismo del estilo internacional y propusieron una nueva lectura de la arquitectura vernácula y de la historia, al tiempo que se mantenían los valores básicos de la arquitectura moderna -construcción unitaria, ausencia de ornamentación y estructura manifiesta- desde perspectivas contextuales y artesanales. Refiriéndose a Enrique del Moral, uno de los miembros mexicanos más sobresaliente, William Curtis afirma que se trata de una fertilización cruzada entre ciertos conceptos centrales del movimiento moderno y la interpretación que algunos hicieron de las diversas culturas, climas y tradiciones nacionales. De hecho, la vivienda aislada como tipología había estado parcialmente marginada en las reivindicaciones modernas, y sólo algunos ejemplos aislados emergen entre los intereses primeros del racionalismo militante. Será después de la II Guerra Mundial cuando se acepte la naturaleza "conservadora" de la ciudad-jardín y que, consecuentemente, la vivienda resurja como tema y se den las condiciones propicias para su desarrollo. Resulta significativo que los europeos más ortodoxos de la modernidad -Walter Gropius, Marcel Breuer o Josep Lluís Sert- construyan sus propias casas en la suburbia norteamericana, en pleno despegue de la economía de la posguerra y ante la irrupción de una gran clase media. Las casas Lejos de los ensayos colectivos del Existenz Minimum repetible y estandarizable, las propuestas latinoamericanas son grandes y únicas. Las residencias no renuncian a las ventajas espaciales de la tradición ni al confort de la modernidad. Algunos toman la sobriedad de las construcciones vernáculas, la amplitud de los espacios y la privacidad respecto al mundo exterior para abrirse al refugio perfecto del hogar. También aprenden de la relación ambigua entre interior y exterior, del dominio de la luz y, en algunos casos, del uso del color. Otros buscan en la "máquina de habitar", que adoctrinaba Le Corbusier, en el mecanicismo de la Maison de Verre de Pierre Chareau y Bernard Bijvoet, en las Case Study Houses experimentales de Charles y Ray Eames o Craig Ellwood, entre otros, o en los prototipos dinámicos de Richard Buckminster Fuller ejemplos revolucionarios a seguir para sus respectivas propuestas domésticas. Unos depuran los modelos autóctonos de la casa-patio y otros se postran ante las novedades más formales que tecnológicas. Unos apuestan por la casa-refugio y otros por la vivienda-escaparate, en hábiles combinaciones de geometría, materiales, culturas y estilos. Pero en los 20 ejemplos aquí expuestos, más allá de las coincidencias geográficas y temporales, se tratan de laboratorios proyectuales y constructivos. Son residencias y campo de pruebas de los respectivos arquitectos y, todas ellas, hitos significativos en sus respectivas carreras. [...] Conclusión Estas 20 casas comparten el carácter autobiográfico: son obras de autor, casas de arquitecto. Unas entienden la casa como una concatenación de espacios y patios cotidianos; en otras se busca un espacio ideal, perfecto y platónico. Algunas son para vivir; otras, en cambio, son escenarios para mostrar, donde el ámbito doméstico congelado se activa para eventos sociales. Algunas parten de la mímesis de la arquitectura vernácula o de los criterios compositivos académicos, para impregnarse de las doctrinas modernas hacia la abstracción y la depuración. Las referencias de estas casas de mediados de siglo dejan de ser los modelos europeos, para incorporar cada vez con más frecuencia los ejemplos estadounidenses de la posguerra: las propuestas de las Case Study Houses promovidas por John Entenza, junto al hierático dogmatismo miesiano, domesticado por el pragmatismo de sus discípulos -Rafael Soriano, SOM o Craig Ellwood-, sin olvidar a Frank Ll. Wright y las autorreferencias al pasado moderno latinoamericano de la primera generación. La influencia de Le Corbusier, no obstante, seguiría planeando sobre Latinoamérica, especialmente en el Brasil de Juscelino Kubitschek y en la nueva capital diseñada por Lucio Costa y Oscar Niemeyer. Las casas Jaoul o Sarabbai están presentes en las obras de los arquitectos de São Paulo; también en Argentina, de la mano de su discípulo incondicional Amancio Williams, quien tendrá ocasión de desarrollar y construir la casa Curuchet en La Plata. En México, la semilla de Le Corbusier apareció en las primeras obras de Juan OGorman -los estudios de Diego Rivera y Frida Kalho de 1932- pero Mario Pani y Enrique del Moral serán sus embajadores, hasta el punto que tratan de involucrarlo en el proyecto de la nueva Ciudad Universitaria en 1954. Tanto el esquema urbano de la Unidad Habitacional Miguel Alemán en Ciudad de México, como las tipologías de las viviendas dúplex derivan directamente de la Unité dhabitation de Marsella. Hay que destacar también que desde las páginas de la revista Arquitectura/México, que dirigió Mario Pani durante casi cuarenta años, se difundían las obras más relevantes de la modernidad contemporánea, como las obras de los californianos Rudolph M. Schindler o Richard Neutra. La obra de Neutra también se publicó en São Paulo, cuyas bienales tuvieron un notable efecto difusor de la cultura arquitectónica. Vivimos en una época muy hospitalaria y definitivamente nada xenófoba, en la que Latinoamérica pertenece al mundo y se internacionaliza. Prueba de ello son las casas de los extranjeros afincados en Latinoamérica (la romana Lina Bo Bardi en São Paulo, el barcelonés Antoni Bonet en Buenos Aires, el alemán Max Cetto, de Coblenza, en Ciudad de México), los extranjeros invitados a desarrollar un proyecto único, como John Lautner, Gio Ponti, Rino Levi y Le Corbusier, el argentino Eduardo Catalano, que construye en Estados Unidos, así como los arquitectos oriundos de otros países latinoamericanos que se formaron total o parcialmente en la academia francesa y en sus viajes por Europa. Tal es el caso de Luis Barragán y Carlos Raúl Villanueva. Esta condición internacional de la cultura subcontinental, y universal a la vez, servirá para incorporar y cuestionar el discurso racionalista desde posiciones tan críticas como desenfadadas, que han hecho posible la toma de referencias "inocentes" e insólitas, como la casa-puente, la casa-silo o la casa-convento. 20 paradigmas de mediados del siglo XX que, por su radicalidad, exquisitez e impacto sobre generaciones coetáneas y posteriores, forman parte del elenco universal y doméstico, en unos tiempos en que Latinoamérica formaba parte del discurso y del circuito arquitectónico internacional. |
| Editorial | David N. Buck |
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| Encuadernacion | Cartoné |
| Fecha de edición | 19 oct 2003 |
| Fecha de tirada | 19 oct 2003 |