Entrevista a Joan Fontcuberta. "Hay un tipo de fotografía líquida"
(Marina Oybin, Revista Ñ, 04/12/2012)
AccederEn el mundo contemporáneo las apariencias han sustituido a la realidad. No obstante, la fotografía, una tecnología históricamente al servicio de la verdad, sigue ejerciendo una función de mecanismo ortopédico de la conciencia moderna: la cámara no miente, toda fotografía es una evidencia. A partir de vivencias personales, el autor crítica esta creencia y reflexiona sobre aspectos fundamentales de la creación y de la cultura actual.
En el mundo contemporáneo las apariencias han sustituido a la realidad. No obstante, la fotografía, una tecnología históricamente al servicio de la verdad, sigue ejerciendo una función de mecanismo ortopédico de la conciencia moderna: la cámara no miente, toda fotografía es una evidencia. A partir de vivencias personales, el autor crítica esta creencia y reflexiona sobre aspectos fundamentales de la creación y de la cultura actual.
Además de un nuevo diseño, cubierta y encuadernación, esta nueva edición incluye un prefacio del autor, escrito en abril de 2011, en el que explica el origen y gestación de El beso de Judas así como su recorrido hasta hoy.
Extracto del prefacio
La gestación de este libro está vinculada a los contenidos de la 27ª edición del Festival Internacional de Fotografía de Arlés, celebrada en 1996 y cuya dirección artística fui invitado a asumir. De hecho, hasta puede considerarse su justificación programática. En el catálogo específico de esa manifestación1 me complacía exponer la voluntad de rendir tributo a tres faros intelectuales del siglo XX: Jorge Luis Borges, Roland Barthes y Vilém Flusser. Destellos de su inteligencia y sagacidad para el análisis me servían para fijar problemas y ambiciones del panorama fotográfico de entonces: la curiosidad por los espejismos y las paradojas, las perversiones alucinatorias del hiperrealismo o la trasgresión de rutinas en los sistemas de representación aparecían como algunos de los horizontes de las actuaciones artísticas más radicales.
A mitad de los años noventa se asistía desde un punto de vista doctrinal a un cierto balance crítico de las corrientes posmodernistas que habían estado poniendo el acento en la naturaleza ilusoria de la imagen, mientras que en lo tecnológico se consolidaba el tránsito a la fotografía digital, con todas las incertidumbres respecto a las imparables transformaciones futuras. En ese contexto El beso de Judas aspiraba a proponer una “humanística de la fotografía” cuya meta apuntaría —con evidente humildad— a lograr una mayor conciencia y sabiduría visual. Más que interpretar la fotografía según un determinado formato técnico, me convenía entenderla como una particular cultura de la visión, una cultura conformada por una serie de pilares conceptuales como la verdad, la memoria y la identidad. Ese enfoque digamos fenomenológico orbitaría alrededor de un concepto que hoy podríamos llamar “desrealidad” —categoría de amplio espectro pero cuya banda ancha la ocuparía la ficción—. La noción de “desrealidad” nos ayuda a inventar alternativas a modelos hegemónicos de representación de lo real, ya se asienten en cuestionamientos semióticos, éticos, políticos o filosóficos. Pero al empeño de estas revisiones se subordinaba la necesidad de identificar y encumbrar un modelo de fotografía como construcción y capaz por tanto de articular discurso —en contraposición a la noción de la fotografía como simple registro mecánico—, que ha cimentado tradicionalmente la mística de las prácticas documentales. [...]
Copyright del texto: sus autores
Copyright de la edición: Editorial Gustavo Gili SL
(Marina Oybin, Revista Ñ, 04/12/2012)
Acceder| Editorial | David N. Buck |
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| cubierta_descargable | /uploader/f31723db072ed27aa4a1e9a2f2cc6345.jpg |
| Encuadernacion | Cartoné |
| Fecha de edición | 27 jul 2011 |
| Fecha de tirada | 2 sep 2013 |