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2G N.10 Instant China
Este número no sólo pretende presentar los proyectos más destacados que se llevan a cabo actualmente en China, sino también plantear una amplia reflexión sobre cómo influyen las particulares circunstancias políticas, económicas y políticas en la sorprendente y paradójica producción arquitectónica de aquel país.Las introducciones describen el contexto socioeconómico y el desequilibrio entre la enormes expectativas de crecimiento en China y su incapacidad para desarrollar un modelo cultural que permita asimilar las transformaciones. La sección de Obras y proyectos analiza la aportación de los arquitectos occidentales durante estos últimos años, en los que se han construido edificios de gran singularidad como rascacielos, aeropuertos, hoteles, auditorios, etc.
La sección Nexus, reflexiona sobre las transformaciones urbanas desde diferentes perspectivas. En una arqueología de la arquitectura china contemporánea, Jianfei Zhu describe un recorrido histórico por la arquitectura moderna en el país. Sheilah Meikle, El cambio de la ciudad china, analiza los cambios que se están produciendo en la vida de los ciudadanos como consecuencia de la política actual de crecimiento. Saskia Sassen, Hong Kong-Shanghai: su evolución en el mundo global, plantea el desarrollo de ambas ciudades en paralelo a las grandes metrópolis occidentales y desmarcándose de la evolución del resto del país. Anthony C. Coombes, El lleno y el vacío en la república popular, estudia las distintas estructuras culturales que conviven en la ciudad china.
Descripción técnica del libro:
Este número no sólo pretende presentar los proyectos más destacados que se llevan a cabo actualmente en China, sino también plantear una amplia reflexión sobre cómo influyen las particulares circunstancias políticas, económicas y políticas en la sorprendente y paradójica producción arquitectónica de aquel país.Las introducciones describen el contexto socioeconómico y el desequilibrio entre la enormes expectativas de crecimiento en China y su incapacidad para desarrollar un modelo cultural que permita asimilar las transformaciones. La sección de Obras y proyectos analiza la aportación de los arquitectos occidentales durante estos últimos años, en los que se han construido edificios de gran singularidad como rascacielos, aeropuertos, hoteles, auditorios, etc.
La sección Nexus, reflexiona sobre las transformaciones urbanas desde diferentes perspectivas. En una arqueología de la arquitectura china contemporánea, Jianfei Zhu describe un recorrido histórico por la arquitectura moderna en el país. Sheilah Meikle, El cambio de la ciudad china, analiza los cambios que se están produciendo en la vida de los ciudadanos como consecuencia de la política actual de crecimiento. Saskia Sassen, Hong Kong-Shanghai: su evolución en el mundo global, plantea el desarrollo de ambas ciudades en paralelo a las grandes metrópolis occidentales y desmarcándose de la evolución del resto del país. Anthony C. Coombes, El lleno y el vacío en la república popular, estudia las distintas estructuras culturales que conviven en la ciudad china.
Contenidos: Las introducciones de Vicente Verdú (El Castillo chino) y Miguel Ruano (Impresiones urbanas) describen el contexto socioeconómico y el desequilibrio entre la enormes expectativas de crecimiento en China y su incapacidad para desarrollar un modelo cultural que permita asimilar las transformaciones.
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El cambio de la ciudad china (artículo de la sección Nexus) Sheilah Meikle y Julian Walker El visitante de cualquier ciudad china queda impresionado por su vibrante actividad. Sus ajetreadas calles bullen de gente vestida de brillantes colores, y los atascos de tráfico y la contaminación empiezan a constituir un problema. El nivel de actividad y el ritmo de crecimiento dependen de si se trata de una ciudad del oeste, menos desarrollado, o del este, que actualmente está en un momento de gran florecimiento económico, pero en cualquier caso el cambio es evidente. Aquí y allá menudean las grúas y las obras de edificación. Legiones de obreros de la construcción se afanan en derribar lo antiguo para dejar espacio a los grandes bloques de viviendas, oficinas, obras de infraestructura, grandes almacenes y las omnipresentes cadenas internacionales. No cabe duda de que las ciudades chinas están cambiando. Pero, ¿qué hay detrás de esos cambios físicos obvios? ¿Por qué no son uniformes en cada ciudad? ¿Cómo son las vidas de los hombres, mujeres y niños que habitan en esas ciudades en proceso de cambio? (...) Las ciudades están creciendo rápidamente hacia arriba y hacia el extrarradio. Se decía que en Shanghai se estaban construyendo tantos edificios altos que, hasta el reciente desplome financiero en Asia, no se encontraban suficientes grúas idóneas en el mundo como para atender su demanda. En efecto, basta con ausentarse unos pocos meses de Pekín o de Shanghai, para que, al volver, el observador se vea sorprendido por la aparición de enormes edificios que ni siquiera apuntaban en el momento de su marcha. En algunos casos, como en el de Nankín, en un breve lapso de tiempo se ha construido un nuevo aeropuerto, unido al centro de la ciudad mediante una autopista. En otros, en un suspiro se habrán construido grandes tramos de cinturón de ronda. Otras veces, serán barrios enteros de la ciudad antigua los que hayan desaparecido en un santiamén. Muchos residentes habrán perdido sus hogares y tendrán que ser realojados en los alrededores. Al mismo tiempo, la ciudad habrá devorado grandes extensiones de terreno rural de la periferia, pese a la política destinada a la conservación del suelo agrícola, y los que previamente trabajaban como granjeros tendrán que encontrar alojamiento en el tejido urbano de la ciudad. Con frecuencia, este frenético crecimiento se realiza a expensas de las casas tradicionales. Muchos de esos edificios de la arquitectura popular -por lo general, de escasa altura y aspecto pintoresco, con fachadas de madera, cubiertas de teja y amplios aleros- están siendo demolidos sin contemplaciones, para construir las nuevas infraestructuras, los rascacielos de oficinas o de viviendas, o los nuevos centros comerciales. Mucha gente, a menudo extranjeros, se lamenta amargamente de esta desaparición progresiva de la atractiva arquitectura popular china. Por todo ello, buena parte del carácter tradicional de las ciudades chinas se está perdiendo en beneficio de los grandes edificios modernos, que convierten a muchas ciudades en virtualmente indistinguibles entre sí y respecto a las de otros países en proceso de rápido desarrollo, si bien es cierto que en no pocos de esos edificios modernos se hace algún guiño de complicidad con las tradiciones chinas, como esos caprichosos aleros de los tejados que avanzan audazmente sobre el vacío, desde lo alto de unos bloques neobrutalistas de hormigón, de veinte plantas de altura, que no desentonarían en absoluto en Sao Paulo o Nueva York. Sin embargo, por lamentable que sea esta irreparable pérdida del patrimonio arquitectónico residencial, detrás de ella se adivina un intento de racionalización. Es urgente la construcción de esas nuevas infraestructuras, en especial calles, que han de substituir a las viejas viviendas demolidas. Actualmente ya están surgiendo problemas de congestión urbana, pese al hecho de que la gran mayoría de residentes sigue circulando en bicicleta. Con el rápido crecimiento de la economía china, y el consiguiente aumento paralelo del número de coches privados, no tardarán en producirse graves problemas, al menos si hemos de guiarnos por las experiencias de otras ciudades asiáticas como Bangkok y Manila. De momento, las grandes ciudades ya están sufriendo problemas de congestión de tráfico. Por otra parte, si bien la arquitectura popular residencial en las ciudades chinas posee un gran pintoresquismo, las condiciones de vida que proporciona distan mucho de ser tan bucólicas. La mayor parte de las viejas viviendas de los centros de las ciudades viene caracterizada por serios problemas de hacinamiento y una grave carencia de instalaciones vitales, resultando por lo tanto unos alojamientos malolientes, sucios e insalubres. Es frecuente que los residentes de esas viviendas dispongan, a lo sumo, de tan sólo 10 m2 por persona. Por lo tanto, no es sorprendente que la mayor parte de los que ya se han trasladado a vivir a un piso moderno, con su cocina y su baño propios, se consuele rápidamente de la pérdida de su antiguo hogar. Aunque también es comprensible que en las grandes ciudades puedan sentirse realmente infelices con los largos desplazamientos diarios hasta el puesto de trabajo. (...) Sheila Meikle es socióloga especialista en planeamiento y gestión urbana. Ha recibido numerosos encargos en China, Egipto, Nigeria, Irak, Jordania, Malasia, Chad, Tanzania, Pakistán, EE UU y Vietnam, por parte de gobiernos nacionales, el Department for International Development, la ONU y el Banco Mundial. |
| Editorial | David N. Buck |
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| Encuadernacion | Rústica |
| Fecha de edición | 1 jun 1999 |
| Fecha de tirada | 1 jun 1999 |