2G N.51 MGM Morales Giles Mariscal

Con la muerte de Franco, la arquitectura española salió de su letargo aislacionista y se adscribió a las corrientes internacionales imperantes, pero siempre incorporando los rasgos especiales de una tradición rica y al mismo tiempo ensimismada. Son muchos los arquitectos españoles que desde entonces se han labrado una trayectoria de renombre internacional -desde Rafael Moneo y Enric Miralles hasta las nuevas generaciones, como RCR y Tuñón + Mansilla-, pero más importante aún es el sustrato de pequeños estudios preocupados por la calidad arquitectónica que en estos años han ido surgiendo por todo el país.

Alejado de los focos tradicionales de la arquitectura española -Madrid y Barcelona-, el despacho sevillano MGM Arquitectos destaca entre estas nuevas hornadas de la arquitectura española, añadiendo al sustrato del buen hacer cierta condición periférica. Su destacado trabajo con las pieles y los materiales no se limita a una cuestión meramente epidérmica, sino que arropa y contiene toda una serie de espacios intermedios, que no son ni exterior ni interior, que dan un valor añadido tanto a los edificios de viviendas como a los públicos y que, a su vez, retoman toda una tradición de espacios intermedios propios de la arquitectura andaluza.

Descripción técnica del libro:

23 x 30 cm
144 páginas
Español, Inglés
ISBN/EAN: 9788425223143
Cartoné
2009
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Con la muerte de Franco, la arquitectura española salió de su letargo aislacionista y se adscribió a las corrientes internacionales imperantes, pero siempre incorporando los rasgos especiales de una tradición rica y al mismo tiempo ensimismada. Son muchos los arquitectos españoles que desde entonces se han labrado una trayectoria de renombre internacional -desde Rafael Moneo y Enric Miralles hasta las nuevas generaciones, como RCR y Tuñón + Mansilla-, pero más importante aún es el sustrato de pequeños estudios preocupados por la calidad arquitectónica que en estos años han ido surgiendo por todo el país.

Alejado de los focos tradicionales de la arquitectura española -Madrid y Barcelona-, el despacho sevillano MGM Arquitectos destaca entre estas nuevas hornadas de la arquitectura española, añadiendo al sustrato del buen hacer cierta condición periférica. Su destacado trabajo con las pieles y los materiales no se limita a una cuestión meramente epidérmica, sino que arropa y contiene toda una serie de espacios intermedios, que no son ni exterior ni interior, que dan un valor añadido tanto a los edificios de viviendas como a los públicos y que, a su vez, retoman toda una tradición de espacios intermedios propios de la arquitectura andaluza.


Índice de contenidos:

Introducciones
Notas sobre la arquitectura de Morales Giles Mariscal por Carles Muro
Parafernalias naturalistas por Ciro Najle

Obras y proyectos
Viviendas sociales en San Jerónimo, Sevilla
Rehabilitación y ampliación del teatro Ramos Carrión, Zamora
Casa Herrera, El Garrobo
La esponja de luz por Laurent Beaudouin
Centro de artes escénicas, Níjar
Viviendas sociales en Monte Hacho, Ceuta
Edificio de aulas y departamentos para la Universidad Pablo de Olavide, Sevilla
Biblioteca central, Jerez de la Frontera
Rehabilitación de la “Casa del Plátano”, Cádiz
Edificio de viviendas, Ceuta
Instituto de enseñanza secundaria, Galisteo
Viviendas de protección oficial, Úbeda
Hotel Holos, Sevilla
Centro de documentación y difusión de arquitectura e ingeniería civil, Sevilla
Reforma y ampliación de la sede del Colegio Oficial de Arquitectos, Córdoba
Sede de Portos de Galicia, Santiago de Compostela
Instituto de técnicas avanzadas en medicina, Sevilla

Biografía

Nexus
Espacio y habitar por José Morales y Sara de Giles
 


Texto de la primera introducción:

'Notas sobre la arquitectura de Morales Giles Mariscal

por Carles Muro

Los proyectos reunidos en esta publicación nos ofrecen una intencionada sección en el tiempo de la trayectoria profesional del estudio MGM.

La trayectoria de un arquitecto —y, por extensión, de un estudio de arquitectura— no suele ser lineal, como las que describe la mecánica clásica, sino que se trata de trayectorias complejas que podrían asociarse más a una envolvente volumétrica de geometría irregular: recorridos erráticos cuyo comportamiento resulta muy difícil predecir. En estos casos, las trayectorias se identifican más con la idea de huella.

Estas notas tratan de identificar, en las huellas dejadas por su trabajo, las fuerzas que han dominado las obras de MGM hasta el presente. Contemplar una trayectoria cuando el cuerpo que la describe está en pleno movimiento y sometido a distintas y numerosas fuerzas, no tanto para determinar su naturaleza y las leyes de su movimiento, sino para introducir nuevas variables que la afecten.

El recorrido de MGM tiene un primer origen en 1987, cuando José Morales y Juan González Mariscal deciden compartir estudio profesional. Once años más tarde, en 1998, Sara de Giles se incorpora al estudio. Han pasado exactamente once años más desde entonces.

En los años inmediatamente siguientes a este punto de inflexión en la andadura del estudio, se completan dos obras que serán ampliamente publicadas y premiadas, y que marcarán la aparición de sus autores en la escena arquitectónica española. Se trata de la casa Herrera en El Garrobo y del conjunto de viviendas sociales en San Jerónimo, Sevilla. Si bien estamos frente a trabajos de distinta escala y realizados en contextos también muy distintos, comparten y anuncian un tema que, a mi entender, será central en su etapa posterior: la introducción de pieles o membranas como elementos mediadores del proyecto.

La casa Herrera, concluida en 1999, se origina a partir de un espacio a doble altura que se desarrolla a lo largo de la medianera existente. Este prisma vacío regulariza la geometría de las edificaciones vecinas y organiza las circulaciones por el fondo de la parcela. No se trata de un espacio residual, sino, por el contrario, del elemento generador del proyecto. Una piel continua de rastreles de madera de teca filtra la luz y la visión de los espacios domésticos.

En las viviendas de San Jerónimo, un velo de malla electrosoldada de acero galvanizado media entre las aberturas de dormitorios, baños y cocinas de las viviendas en altura y el patio central de la manzana. La malla envuelve una estrecha franja de aire que amortigua la relación entre lo público y lo privado. La malla elegida se muestra opaca a las visiones tangenciales y mucho más transparente a las frontales, actuando como un tenue velo que deja entrever el tratamiento cromático que singulariza la segunda piel del edificio y, entre ambas, la vida de sus ocupantes.

En 1998, José Morales, Sara de Giles y Juan González Mariscal ganan el concurso para la construcción del Centro de Artes Escénicas de Níjar, Almería, cuya ejecución se prolongará hasta 2006. El proyecto se organiza mediante dos prismas de sección rectangular que, como dos grandes conductos, se despliegan con quiebros en ángulo recto y alojan los distintos programas del centro. El conducto de mayor sección contiene el auditorio, mientras que el otro alberga, principalmente, los talleres y las oficinas. Las dos piezas están unidas por una planta subterránea en la que se encuentran los principales espacios de preparación y servicio: salas de ensayo, camerinos, instalaciones, etc.

Los arquitectos se proponen, por primera vez, la realización de un edificio de un solo material: unos paneles de chapa estirada de aluminio envuelven por completo los cuatro planos que definen cada conducto, dejando abiertos sus extremos como grandes miradores enmarcados. Este envoltorio no distingue entre planos verticales y horizontales, y no reconoce puertas ni ventanas.

Así, mediante un notable esfuerzo constructivo, la chapa de aluminio se convierte en la última de las sucesivas capas que protegen al edificio. Después de una primera envolvente de protección térmica y una segunda envolvente estanca, aparece este tercer envoltorio, también continuo, que atrapa una capa de aire en movimiento que permite atenuar la dureza del clima estival almeriense. La arquitectura como protección del cuerpo.

Sin embargo, si hubiera que elegir un lugar que represente y condense el proyecto, no sería el interior de los conductos, sino el espacio que se desliza entre ellos. En la cota de acceso al conducto de menor sección, la proyección del cuerpo en voladizo de las oficinas permite la aparición de un vestíbulo exterior en sombra. A diferencia del edificio construido, las dos maquetas realizadas durante el proyecto de ejecución muestran que también el conducto de mayor sección tenía que haberse desplegado en una doble L simétrica, cubriendo otro fragmento de ese espacio intersticial frente al acceso al escenario. Sólo desde aquí se entiende la necesidad de continuar el revestimiento de aluminio por debajo del forjado de las oficinas, en un plano que nunca estará expuesto a la insolación directa. Parece que la aspiración de los arquitectos no es tanto revestir el edificio como los movimientos de sus visitantes.

En proyectos desarrollados en paralelo a la larga gestación del Centro de Artes Escénicas de Níjar, como el convento de Santa María de los Reyes o el hotel Holos, ambos en Sevilla, los arquitectos exploran distintas maneras de dilatar y ocupar el espacio entre el edificio y la piel. En ambos casos se trata de construcciones existentes, a las que se les añade una bolsa de aire envuelta por una membrana permeable.

En el proyecto de rehabilitación y ampliación del antiguo convento de Santa María de los Reyes como sede del futuro Centro de Documentación y Difusión de la Arquitectura y la Ingeniería Civil de Andalucía, realizado en colaboración con Carlos Morales, los arquitectos plantean el tema con inteligencia y sensibilidad. En el centro histórico de Sevilla, la membrana de relación e intercambio nunca aparece en el límite con la calle. La relación con la calle es de protección y opacidad, y las construcciones se abren a los patios y jardines interiores. Tal vez no haya mejor ejemplo de esta relación —ni edificio que resuma mejor la idea de Sevilla— que el vecino Corral del Conde, situado en la misma manzana. La fachada que ofrece a la calle es prácticamente muda. Sin embargo, quien atraviese el umbral descubrirá un mundo interior completamente distinto, definido por la vegetación y los balcones continuos de las viviendas.

En Santa María de los Reyes, después de garantizar la continuidad de los vacíos del antiguo compás, el claustro y el hasta ahora jardín residual en la planta baja, los arquitectos despliegan una cinta de aluminio en planta primera que redibuja la relación entre claustro y jardín y dota de unidad al conjunto. La celosía de lamas verticales de aluminio no establece una línea clara de frontera entre lo público y lo privado, sino que lleva asociado un espacio de profundidad variable que organiza recorridos y atempera los distintos programas del futuro Centro. Esta celosía no es sino el encofrado perdido de la construcción del vacío.

En el hotel Holos, situado en esa otra Sevilla de calles en retícula y hotelitos exentos que conforman el barrio de Heliópolis, los arquitectos proponen una nueva variación sobre el tema. Se trata aquí de reconstruir la membrana de protección de la calle y reformular la idea de jardín oculto en un nuevo contexto. Una cáscara triangulada, de planos formados por pequeños perfiles tubulares de aluminio, media entre la villa y la calle y constituye una eficaz “interficie” entre lo público y lo privado. Esta delicada membrana no sólo absorbe, en un único gesto, los nuevos programas necesarios para la transformación de la edificación original en hotel, sino que ofrece un nuevo y sugerente espacio de sombra y privacidad, en una recreación tridimensional de la pérgola. La pérgola y el patio, elementos eternos de la arquitectura, continuamente reelaborados y reinventados por MGM.

Se podría decir que, en estas dos intervenciones, los arquitectos han afinado los instrumentos con los que abordar los proyectos más recientes recogidos en esta publicación.

Así, en su propuesta para la ampliación del Colegio de Arquitectos de Córdoba, los arquitectos hinchan el velo ensayado en el hotel Holos hasta los límites permitidos por las ordenanzas cordobesas. Esta frágil membrana de chapa perforada de aluminio envuelve, una tras otra, las líneas que definen —mediante las correspondientes alineaciones y rasantes— la edificabilidad máxima permitida en el solar. La isotropía de las perforaciones y la ligereza del material otorgan a esta envolvente una condición casi textil. Un funda hecha a medida que protege del sol y tamiza la visión.

Si de día se presenta como un prisma tallado —como las envolventes cristalinas dibujadas por Hugh Ferriss para Manhattan—, de noche se transforma en una bolsa de luz más cercana a las delicadas lámparas de Isamu Noguchi.

Y Noguchi es, precisamente, la referencia formal que los arquitectos utilizan en su proyecto para la nueva sede de Portos de Galicia en Santiago de Compostela. Pero, sorprendentemente, no acuden a una de sus ligeras lámparas de papel, sino a un pesado bloque de basalto.

Una torre de once plantas se presenta como un gran prisma facetado, colocado sobre una suave loma en las afueras de Santiago de Compostela. En la propuesta de concurso, cada planta se divide en tres mediante unos elementos que, a modo de brise-soleils, resiguen el irregular contorno de la pieza. Así, una vez más, los arquitectos tratan de eliminar toda referencia a la escala.

A mi entender, sin embargo, el principal interés del proyecto no reside en esta deseada condición de monolito sin escala, sino en el espacio amortiguador que los arquitectos proponen entre el contorno del edificio y las diversas cajas que contienen el programa. Si observamos las plantas, comprobaremos que el programa se organiza siempre en piezas rectangulares que giran alrededor del núcleo de los ascensores, dejando un espacio de distinta profundidad entre ellas y las poligonales que resultan de seccionar horizontalmente —cada 120 cm, aproximadamente— el volumen del edificio. En algunas plantas, este espacio llega a penetrar prácticamente hasta el núcleo, originando una especie de patios cubiertos de altura y profundidad variables. Estos son los lugares de lo colectivo propios del proyecto.

Si en la propuesta de concurso los arquitectos envolvían el edificio con una malla trenzada de acero inoxidable —en una recreación a gran escala de alguna de las piezas más verticales de la serie Akari de Isamu Noguchi—, en la última versión, la envolvente se construye con montantes de aluminio dispuestos en series, que evocan, formalmente, algunos trabajos de reorganización de material pétreo de Richard Long.

En Santiago de Compostela, José Morales y Sara de Giles reelaboran tridimensionalmente un tema ya ensayado en la cinta de Santa María de los Reyes o en el espacio fronterizo de la fachada de las viviendas de Ceuta.

Este breve recorrido por la utilización de membranas y pieles protectoras en la obra de MGM se podría extender a la práctica totalidad de los proyectos aquí reunidos. Las pieles se han ido ensanchando progresivamente, pasando de ser entendidas como revestimiento a serlo como lugares. Confiamos en que pronto podamos ver cómo se materializan, en condiciones distintas, estos últimos y sugerentes ensayos de una arquitectura cada vez más superficialmente profunda.'

Copyright del texto: sus autores
Copyright de la edición: Editorial Gustavo Gili SL
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Editorial David N. Buck
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Encuadernacion Cartoné
Fecha de edición 1 sep 2009
Fecha de tirada 24 jul 2012
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