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Álvaro Siza
Obra completa
Este libro constituye la recopilación más extensa de la obra de Álvaro Siza publicada hasta la fecha: desde sus primeras obras en Matosinhos (restaurante Boavista o piscinas de las mareas), pasando por su experiencia europea en viviendas (Berlín y La Haya), hasta su más recientes y celebradas obras públicas como el rectorado de la Universidad de Alicante, el Jardín de Santo Domingo de Bonaval, el Museo de Arte Contemporánea y la facultad de periodismo (todas ellas en Santiago de Compostela), hasta el pabellón portugués de la Expo '98 de Lisboa o la Fundación Serralves en Oporto.
Un extenso texto de Kenneth Frampton junto a un prefacio de Francesco Dal Co y un homenaje de Fernando Távora, preceden la parte central dedicada a la obra, parte en la que se intercalan textos del propio Álvaro Siza.
Descripción técnica del libro:
25 x 28 cm
617 páginas
Español
ISBN/EAN: 9788425218149
Tapa dura con sobrecubierta
2000
Este libro constituye la recopilación más extensa de la obra de Álvaro Siza publicada hasta la fecha: desde sus primeras obras en Matosinhos (restaurante Boavista o piscinas de las mareas), pasando por su experiencia europea en viviendas (Berlín y La Haya), hasta su más recientes y celebradas obras públicas como el rectorado de la Universidad de Alicante, el Jardín de Santo Domingo de Bonaval, el Museo de Arte Contemporánea y la facultad de periodismo (todas ellas en Santiago de Compostela), hasta el pabellón portugués de la Expo '98 de Lisboa o la Fundación Serralves en Oporto.
Un extenso texto de Kenneth Frampton junto a un prefacio de Francesco Dal Co y un homenaje de Fernando Távora, preceden la parte central dedicada a la obra, parte en la que se intercalan textos del propio Álvaro Siza.
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Ocho puntos texto de Álvaro Siza Me piden una declaración sobre mi actividad profesional. Escribo ocho puntos casi al azar. 1. Comienzo un proyecto cuando visito el lugar (como sucede casi siempre programas y condicionantes vagos). Otras veces comienzo antes, a partir de la idea que tengo de un emplazamiento (una descripción, una fotografía, alguna cosa que he leído , una indiscreción). No quiere decir que me vaya a quedar mucho de un primer croquis. Pero todo comienza. Un lugar vale por lo que es y por lo que puede o desea ser- cosas tal vez opuestas, pero nunca sin relación. Mucho de lo que he proyectado (mucho de lo que los otros proyectaron) flota en el interior del primer croquis. Sin orden. Tanto, que poco parece haber del lugar que invoca. Ningún sitio está desierto. Puedo ser siempre uno de los habitantes. El orden es la aproximación de los opuestos. 2. Oigo decir que proyecto en los cafés, que soy un arquitecto de pequeñas obras (como ya tengo experiencia en las otras, pienso: ojalá que no; son las más difíciles). Es verdad que proyecto en los cafés. No lo hago como Toulouse Lautrec en los cabarés, o como algún Prix de Rome, entre las ruinas. El ambiente de un café ni inspira ni transporta. Es uno de los pocos --aquí en Oporto- que permiten el anonimato y la concentración. No se trata de evitar la mesa de reuniones, la interdisciplinariedad, el teléfono, los impresos de normativas, los catálogos de prefabricados o la herramienta simplificadora, el ordenador o la asociación de vecinos. Se trata de conquistar -ese es el término- las bases para trabajar con eso y para eso. (¡Cuántos cafés he frecuentado!; cambio de café cuando noto una especial atención en la mezcla de té y tostadas). 3. Algunos de mis últimos proyectos pasaron por un largo debate con grupos organizados de usuarios o futuros usuarios. Nada demasiado nuevo. He trabajado así en otras circunstancias, o deseé trabajar. Sin embargo, en el Portugal salido de la revolución del 74 no se trataba de desear o no. La lucha por la vivienda en Oporto, Lisboa o el Algarve, una vez abiertas las cárceles, superó los límites de la casa, del barrio y de la cooperativa. Tomó la ciudad. Fue un corto episodio. Tomado como método, lo que era movimiento degeneró en cómoda coartada, moderador alienante, reticente a sumergirse en la reformulación del deseo- el nuestro y de los otros. 4. De mis obras, tanto las recientes como las antiguas, dicen que se basan en la arquitectura tradicional de la región. También esas obras me han hecho conocer la reticencia de un operario y la ira del que tolera y del que juzga. La tradición es un desafío a la innovación. Esta hecha de sucesivos injertos. Soy conservador y tradicionalista, esto es, me muevo entre conflictos, compromisos mestizaje y transformaciones. 5. Me dicen , (algunos amigos)que no tengo teoría de base ni método. Que nada de lo que hago apunta en ninguna dirección. Que no es pedagógico. Una especie de barco a merced de las olas que, inexplicablemente, no siempre naufraga (como también me dicen). No expongo excesivamente las cuadernas de nuestros barcos, por lo menos en alta mar. Demasiadas veces se han roto. Estudio corrientes, remolinos, busco ensenadas antes de (ar)riscar . Puedo ser visto solo, paseando por la cubierta. Pero toda la tripulación y todos los aparejos están ahí; el capitán es un fantasma. No me atrevo a poner la mano sobre el timón, observando únicamente la estrella polar. Y no apunto un camino claro. Los caminos no son claros. 6. No me gustaría ejecutar con mis propias manos lo que proyecto. Ni proyectar en soledad. Sería como esterilizar. El cuerpo -mano y mente y todo- no cabe en el cuerpo de cada uno. Y ninguna parte es autónoma. 7. Mis obras inacabadas, interrumpidas y alteradas nada tienen que ver con la estética de lo inacabado o con la creencia en la obra abierta. Tiene que ver con la enervante imposibilidad de acabar, con los impedimentos que no consigo superar. 8. Discuto con un operario sobre cómo poner azulejo de 30 x 30 en un pavimento de geometría irregular: en diagonal (como yo propongo) o paralelo a una de las paredes. Me dice: nosotros en Berlín no lo hacemos como usted dice. Al día siguiente vuelvo a la obra . "Le doy la razón. Es más fácil de ejecutar" (me dice el obrero). Tenemos el mismo objetivo: construir de la manera más práctica y racional, como sucedió -si pudiéramos volar en el tiempo- en el Partenón, o en Chartres, o en la casa Milá. Y hoy: redescubrir la mágica extrañeza, la singularidad de las cosas evidentes. Álvaro Siza Oporto, septiembre de 1983 |
| Editorial | David N. Buck |
|---|---|
| Encuadernacion | Tapa dura con sobrecubierta |
| Fecha de edición | 1 jul 2000 |
| Fecha de tirada | 1 jul 2000 |
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