Contenidos:
Introducción. Quim Rosell
Paisaje de la memoria, Parque de la Paz, Península de Gallipoli, Turquía Ville-port atlantique, Saint Nazaire, Francia Concurso internacional de ideas para la base Kéroman en Lorient, Francia
Atlantik Wall, Jutland, Dinamarca. Magdalena Jetelová
Lichterfelde Süd, Berlín, Alemania Antiguo campo de concentración femenino en Ravensbrück, Alemania Mauerpark, Berlín, Alemania Base de misiles, Fundación Isla Hombroich, Alemania
Fait Sophie Ristelhueber La materia prima de la guerra. Pilar Marcos
Cantera Holderbank, Schümel, Suiza Minas de fosfato, Negev, Israel Las salinas de Súria, Bages, España Súria Canteras de s'Hostal, Ciutadella, Menorca, España
Haciendo retazos de paisaje. Alejandro Bahamón
El paisaje de las canteras de Menorca Canteras de Santa Lucia, Caserta, Italia
El lenguaje de las piedras. Maurici Pla El triángulo negro. Joseph Koudelka Venus intenta retener a Marte. Itziar González
Jardines de Valdemingómez. Transformación paisajística de un antiguo vertedero, Madrid, España La industria de acero en Bagnoli, Nápoles, Italia Ferropolis, Golpa Norte, Alemania IBA Emscher Park, Cuenca del Ruhr, Alemania Rehabilitación de un tanque de CEPSA, Santa Cruz de Tenerife, España Rehabilitación de los gasómetros de Viena, Austria
Agradecimientos, créditos fotográficos
Reforzando este argumento, también se aportan otros documentos, ajenos a estricto oficio arquitectónico, porque aportan acercamientos equiparables al tema: desde el registro periodístico hasta la contribución netamente artística, pasando por el informe científico. Estos documentos hablarán (también desde su peculiar singularidad) de la abstracción y la universalización del territorio degradado, independientemente del momento, su índole y sus causas.
Finalmente, las propuestas presentadas imparten, como rasgos comunes, un tiempo generalmente dilatado en su ejecución; la participación de instituciones y administraciones como importantes promotores; y, a modo de incidencia en el paisaje contemporáneo, un conjunto de estrategias y mecanis-mos de intervención diferenciados.
Construcción del paisaje contemporáneo
Como lugar de encuentro de los procesos, a menudo devastadores, de la industria o debido a importantes cambios de orden programático, el paisaje contemporáneo aparece a menudo drásticamente descarnado e impactante. Vertederos (fruto de nítidas y despiadadas acciones de amontonamiento de desecho), canteras (resultado de las formas en negativo de la tierra como producto de la extracción de su material), astilleros abandonados, antiguas bases militares y, en general, terrenos a los que no se les asigna otra cualidad específica que la indeterminación: estos son dominios donde se encierra el actual marco de intervención.
Sin embargo, ya en los años sesenta, e incluso en los treinta, podemos encontrar algún antecedente puntual. La preocupación por la recuperación del paisaje (land-reclamation) tomó cuerpo gracias a la intervención de varios artistas que encontraron en el medio natural una conjunción de trazas que retomaron como base de su trabajo (earth-works), un material perteneciente a la memoria colectiva del lugar. Su valoración no pasó por desvelar, desde la nostalgia, cada uno de los momentos que configuraron el pasado o la historia del mismo, sino más bien por urdir una confianza hacia la estética del arte como vehículo de recuperación. Pero cuando se trata de intervenciones al aire libre y a gran escala que han formateado el paisaje de modo tan incisivo y determinante, y se han encargado a la par de condicionar el colectivo humano asociado a su productividad, han conllevado siempre una idea de abandono y trastorno de difícil rehabilitación: restaurar este vacío, más allá de las preocupaciones de orden ecológico implícitas en la erosión de todo territorio, es todavía un reto pendiente.
En el movimiento moderno; el paisaje funcionaba como entidad geográfica que contrastaba frente a la arquitectura, entendida ésta como base productora de objetos protagonistas, dispuestos dentro de un escenario que les ubica y les envuelve. El sistema se matiza ordenando los vínculos (tanto físicos como mentales) entre figura y fondo, eso es, entre arquitectura y paisaje; estableciendo interacciones entre ambos mediante un posicionamiento asimétrico del uno respecto del otro, o sea, arquitectura "forzando" paisaje. Se perpetúa una sólida relación desde la que acabarán derivando hacia ritmos distintos de evolución: el paisaje relegado a "simple naturaleza", a un escenario natural y pasivo, y la arquitectura como disciplina que muestra su distanciamiento respecto a las condiciones particulares del emplazamiento. Así, la transcripción de este fenómeno se codificará mediante la cita del paisaje como escenario supuestamente bucólico, un telón de fondo que apenas muestra traza alguna o dato expresivo relevante y que, en definitiva, transmite al espectador un efecto de ajeno o de desentendimiento. Por otro lado, la dimensión marcadamente horizontal de este paisaje lejano refuerza y propulsa todavía más la clara identificación de ambas entidades. La presencia del paisaje, que casi se desdibuja por su extensión ilimitada, contrasta con la nueva arquitectura, emergente, vertical, casi heroica. En la realidad presente, la acción de construir se produce fuera de este orden tan claramente establecido. En su lugar, se ha dado paso a un código de relaciones más difusas: el orden principal que sitúa cada parte con relación a un todo (de acuerdo a un sistema "euclidiano" de referencia) se resquebraja a favor de una visión fragmentaria de la realidad, donde el movimiento, lo efímero, etc., ejercen de potentes reactivos. Todo ello ocurre en un contexto en que la disolución de los límites de la ciudad es, posiblemente, la pieza esencial del discurso arquitectónico.
contemporáneo: la experimentación de la ciudad como tal no está ya vinculada a un territorio físico específico y, por lo tanto, la definición o percepción palpable de sus límites es indeterminada. Así, nuestro entorno difuso y homogéneo habla de arquitecturas como secuencias de acciones y no como objetos acabados. En cualquier caso, incentivar la supervivencia de los lugares supone siempre contrastar un pasado que, por erosionante y desgastador, posiblemente haya sido su peor usuario, con energías nuevas del presente. Desde la propuesta de este libro pretendemos que la nitidez que encontramos cuando confrontamos esos dos tiempos sea lo más vívido posible, pero no con el ánimo de insistir o refundar un pasado, sino, precisamente, por el carácter relativo y efímero de los usos y los lugares de nuestro entorno actual y su capacidad transformadora, así como por un afán que cada vez es más necesario y está más presente como es el reaprovechamiento de los recursos naturales como base para cualquier mecanismo de acción.
Así pues, la exploración y el reconocimiento profundo -casi científico- de las preexistencias que conforman la realidad de un lugar (desde líneas de fuerzas descritas por flujos, trazas geográficas relevantes, huellas dejadas sobre la tierra por asentamientos o desmesuradas explotaciones de la misma, o incluso desastres naturales, etc.) por un lado; y la utilización particular -casi partidista- de dichas preexistencias, adaptada a las necesidades de un nuevo programa -cambiante como el que le precedió- por otro, deben ser vistos, en buena medida, como el punto de partida del nuevo proyecto que, con la aplicación rigurosa y adecuada de técnicas que le ayuden a materializarse, reinventan el lugar.
Más información
| Editorial |
David N. Buck |
| Encuadernacion |
Rústica |
| Fecha de edición |
1 ene 2002 |
| Fecha de tirada |
1 ene 2002 |
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