La forma visual de la arquitectura

Este libro nos recuerda que todas las necesidades humanas son profundas cuestiones del pensamiento. El persistente desasosiego causado por la mayoría de los lugares públicos que el hombre proporciona al hombre en la actualidad, impulsa a analizar las condiciones visuales que influyen en el efecto psicológico de la arquitectura. Arnheim plantea que un edificio es en todos sus aspectos un hecho del espíritu humano. Es la experiencia de la vista y el sonido, tacto y calor, frío y comportamiento muscular, así como los pensamientos y esfuerzos resultantes. Argumenta que el hambre, el frío y el miedo están en iguales condiciones que la necesidad de paz, intimidad, espacio, armonía, orden y color, y que, el bienestar de los seres humanos no se consigue tan solo con un buen sistema de cañerías interiores, calefacción y aislamiento, sino con luz, orden visual, espacio proporcionado, etc. El capítulo final está dedicado por entero a la interrelación entre función y expresión visual derivada de ella.

Descripción técnica del libro:

18 x 25 cm
230 páginas
Español
ISBN/EAN: 9788425218279
Rústica
2001
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Este libro nos recuerda que todas las necesidades humanas son profundas cuestiones del pensamiento. El persistente desasosiego causado por la mayoría de los lugares públicos que el hombre proporciona al hombre en la actualidad, impulsa a analizar las condiciones visuales que influyen en el efecto psicológico de la arquitectura. Arnheim plantea que un edificio es en todos sus aspectos un hecho del espíritu humano. Es la experiencia de la vista y el sonido, tacto y calor, frío y comportamiento muscular, así como los pensamientos y esfuerzos resultantes. Argumenta que el hambre, el frío y el miedo están en iguales condiciones que la necesidad de paz, intimidad, espacio, armonía, orden y color, y que, el bienestar de los seres humanos no se consigue tan solo con un buen sistema de cañerías interiores, calefacción y aislamiento, sino con luz, orden visual, espacio proporcionado, etc. El capítulo final está dedicado por entero a la interrelación entre función y expresión visual derivada de ella.





Contenidos:


Introducción
   Elementos de espacio
   Vertical y horizontal
   Sólidos y huecos
   Cómo es y cómo se ve
   Movilidad
   Orden y desorden
   Símbolos de la dinámica
   Expresión y función

Notas
Bibliografía
Agradecimientos
Índice alfabético

"El diseño, naturalmente, no es ni más ni menos que la creación de las formas tangibles y visibles de un edificio. ¿Cómo, entonces, el diseño puede llegar a ser considerado como algo de lo que se puede prescindir? ¿Es sólo una reac-ción frente a un período histórico que intentó revivir los templos, iglesias y cas-tillos del pasado, en las oficinas de correos, los bancos y las salas de conferencias del presente? ¿O esta aversión es una protesta contra una cruzada más reciente de desnudez, que esconde la variedad de los impulsos humanos en una geometría pura pero a menudo vacía? Sea cual fuere la causa, cualquier intento de evitar la responsabilidad última del arquitecto debe ser vano. Se puede desdeñar la forma de un objeto, pero no es posible prescindir de ella.

La resistencia al estudio de la forma derivó, en parte, de la acusación que achacaba a los arquitectos y teóricos haberse dedicado a tratar a los edi-ficios como puras formas, sin considerar sus funciones prácticas y sociales. Cual-quier persona con un sentido vivo respecto a los edificios y a la comunidad humana debe rebelarse contra este formalismo, aunque sólo sea porque éste ha de conducir a una mala interpretación de las formas a las que desea enfrentarse. No se puede entender la forma de una puerta o la de un puente sin relacionarla con su función. Y además, seguramente es cierto que sólo una mente pervertida puede considerar un edificio como un medio para un fin. Lo que requiere escru-tinio es este fin y la manera de obtenerlo.

Las necesidades materiales aparecerían en primer término. Sin un refugio bien protegido y equipado, la vida humana no podría funcionar plenamente. Pero una cosa es tener conciencia responsable de la necesidad práctica y otra, muy distinta, buscar una fácil victoria en la discusión denunciando a los "formalistas". Insistir en la importancia de las necesidades materiales y minimizar, o incluso ridiculizar, todas las demás, coloca al orador en una posición fuerte y segura. Le hace aparecer como alguien que conoce el terreno que pisa, inspirado por un sentido de responsabilidad social y al margen del frívolo interés por las pequeñe-ces del gusto. Articula la realidad de los pisos sin agua caliente, de los cristales rotos en las ventanas, la basura y las ratas. Pero cuando se trata de calibrar necesidades humanas de forma objetiva, es posible que la fácil retórica no sea suficiente.

A lo largo del presente libro tendré ocasión de recordar al lector que todas las necesidades humanas son profundas cuestiones del pensamiento. La angustia del hambre, el frío invernal, el miedo a la violencia y el trastorno que ocasiona el ruido descontrolado, son todos ellos hechos presentes de la concien-cia humana. De nada sirve distinguirlos atribuyendo unos al cuerpo y otros al es-píritu. Hambre, frío y miedo están en iguales condiciones que la necesidad de paz, intimidad, espacio, armonía, orden y color. Para un psicólogo, las prioridades no son ni mucho menos evidentes por sí mismas. Dignidad, sentido del orgullo, compatibilidad y sensación de comodidad son las necesidades primarias que deben ser consideradas con seriedad cuando el bienestar de los seres humanos está en juego. Y por ser requerimientos mentales, no se satisfacen tan sólo con un buen sistema de cañerías interiores, calefacción y aislamiento, sino con luz, colores adecuados, orden visual, espacio proporcionado, etc.

Es fácil, además, zanjar el problema sosteniendo que al hombre medio, tanto en la calle como en la casa, le tienen sin cuidado las necesidades psicológicas que los arquitectos y otras criaturas de luxe, calme et volupté le atribuyen. Pregúntese a la persona de clase social media y hablará de radiadores y extrac-tores, de escaleras y lavaderos, pero no de esquemas de color y módulos. Pero es posible que tampoco hable de luz y aire, y que sin embargo esté profundamente influenciada por su calidad. Las respuestas explícitas a cuestionarios y entrevis-tas no agotan los factores que determinan el estado mental de una persona. De muchos de ellos no es consciente.

Un edificio, por tanto, es en todos sus aspectos un hecho del espíritu humano. Es la experiencia de los sentidos de la vista y el sonido, tacto y calor, frío y comportamiento muscular, así como de los pensamientos y esfuerzos resul-tantes. Sin embargo, he de hacer algo más que exponer un ejemplo de la im-portancia de los aspectos de la forma visual de la que partirá y en la que descan-sará este libro. También he de justificar mi intento de comentar los aspectos visuales de la arquitectura sin colocarlos en los contextos históricos, sociales y desde luego personales, de los que dependen las experiencias sensoriales.

El completo aislamiento del aspecto visual, ¿no desmentiría lo que he afirmado hace un momento, es decir, que la forma visual de un edificio no puede entenderse a menos que se considere su función? Desde luego que sí, como trato de mostrar, por ejemplo. en un apartado en el que se comparan arquitectura y escultura, y en el que demuestro que un objeto parece diferente según se con-sidere inhabitable o no. Además, el capítulo final está dedicado por entero a la interrelación entre función y expresión visual derivada de ella."
(extracto de la introducción)

Más información
Editorial David N. Buck
Encuadernacion Rústica
Fecha de edición 1 jun 2001
Fecha de tirada 1 jun 2001
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