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Las casas de Frank Lloyd Wright
Frank Lloyd Wright ha ejercido una enorme influencia en el desarrollo del movimiento moderno tanto en su país, Estados Unidos, como en el resto del mundo. Su obra residencial ha sido objeto de continuo interés y debate. La Casa de la Cascada (1935), la obra maestra que vuela sobre una cascada de la Pensilvania profunda, es considerada a menudo como la casa más famosa de la historia. De hecho, las casas de Wright -desde la casa Robie (1908) en Chicago, pasando por las casas de bloque textil Storer (1923) y Freeman (1924) en Los Ángeles, hasta Taliesin West (1938) en el desierto de Arizona- son piezas clave de la arquitectura moderna.
Las casas de Frank Lloyd Wright presenta por primera vez todas las casas que proyectó Wright -291 en total- en exquisitas fotografías a todo color. Junto a las fotografías de Alan Weintraub, la lucidez del texto principal de Alan Hess y la selección de planos e imágenes de archivo, el libro incluye ensayos de algunos de los mejores expertos en la obra del arquitecto, como Kenneth Frampton, Thomas S. Hines, Bruce Brooks Pfeiffer, Kathryn Smith, Margo Stipe y Eric Lloyd Wright.
Las casas de Frank Lloyd Wright presenta por primera vez todas las casas que proyectó Wright -291 en total- en exquisitas fotografías a todo color. Junto a las fotografías de Alan Weintraub, la lucidez del texto principal de Alan Hess y la selección de planos e imágenes de archivo, el libro incluye ensayos de algunos de los mejores expertos en la obra del arquitecto, como Kenneth Frampton, Thomas S. Hines, Bruce Brooks Pfeiffer, Kathryn Smith, Margo Stipe y Eric Lloyd Wright.
Descripción técnica del libro:
28 x 28 cm
544 páginas
Español
ISBN/EAN: 9788425220876
Tapa dura con sobrecubierta
2006
Frank Lloyd Wright ha ejercido una enorme influencia en el desarrollo del movimiento moderno tanto en su país, Estados Unidos, como en el resto del mundo. Su obra residencial ha sido objeto de continuo interés y debate. La Casa de la Cascada (1935), la obra maestra que vuela sobre una cascada de la Pensilvania profunda, es considerada a menudo como la casa más famosa de la historia. De hecho, las casas de Wright -desde la casa Robie (1908) en Chicago, pasando por las casas de bloque textil Storer (1923) y Freeman (1924) en Los Ángeles, hasta Taliesin West (1938) en el desierto de Arizona- son piezas clave de la arquitectura moderna.
Las casas de Frank Lloyd Wright presenta por primera vez todas las casas que proyectó Wright -291 en total- en exquisitas fotografías a todo color. Junto a las fotografías de Alan Weintraub, la lucidez del texto principal de Alan Hess y la selección de planos e imágenes de archivo, el libro incluye ensayos de algunos de los mejores expertos en la obra del arquitecto, como Kenneth Frampton, Thomas S. Hines, Bruce Brooks Pfeiffer, Kathryn Smith, Margo Stipe y Eric Lloyd Wright.
Las casas de Frank Lloyd Wright presenta por primera vez todas las casas que proyectó Wright -291 en total- en exquisitas fotografías a todo color. Junto a las fotografías de Alan Weintraub, la lucidez del texto principal de Alan Hess y la selección de planos e imágenes de archivo, el libro incluye ensayos de algunos de los mejores expertos en la obra del arquitecto, como Kenneth Frampton, Thomas S. Hines, Bruce Brooks Pfeiffer, Kathryn Smith, Margo Stipe y Eric Lloyd Wright.
Índice de contenidos: Introducción 1. Convertirse en Frank Lloyd Wright Frank Lloyd Wright y el hogar norteamericano (Bruce Brooks Pfeiffer) En el espíritu del momento Casa y estudio de Frank Lloyd Wright, 1889 Bungalow Charnley, 1891 Casa George Blossom, 1892 Experimentos Casa William H. Winslow, 1893 Casa George Furbeck, 1897 2. El estilo de la pradera La civilidad suburbanizada de Frank Lloyd Wright, 1900-1916 (Kenneth Frampton) Casas de la pradera grandes Casa F. B. Henderson, 1901 Casa Frank W. Thomas, 1901 Casa Ward Willits, 1902 Casa Susan Lawrence Dana, 1902 Casa Arthur Heurtley, 1902 Casa Darwin D. Martin, 1903 Casa George Barton, 1903 Casa William A. Glasner, 1905 Casa Peter A. Beachy, 1906 Casa A. W. Gridley, 1906 Casa Ferdinand y Emily Tomek, 1907 Casa Avery y Queene Coonley, 1907 Casa de juegos Coonley, 1912 Casa Frederick C. Robie, 1908 Casa Edward Boynton, 1908 Casa Walter V. Davidson, 1908 Casa Edward y Florence Irving, 1909 Casa Frederick C. Bogk, 1916 Casas de la pradera pequeñas Casa Mamah Borthwick y Edwin Cheney, 1903 Casa G. C. Stockman, 1908 Casa Wiliam B. Greene, 1912 Remodelación de casas Casa George Fabyan, 1907 Casa William H. Copeland, 1909 Cottages Casa Fred B. Jones y casa del guarda, 1900 Cottage George Gerts, 1902 Taliesin 1911-1925 Taliesin I Casa Andrew Porter, 1907 3. Soledad profesional Discípulos y maestros: Rudolph M. Schindler, Richard Neutra y Frank Lloyd Wright (Thomas S. Hines) California Romanza Casa Aline Barnsdall, 1920 Casas de bloques textiles Casa Alice Millard, 1923 Casa John Storer, 1923 Casa Harriet y Samuel Freeman, 1924 Casa Mabel y Charles Ennis, 1924 4. La utopía prometida Complejidad y contradicción en la arquitectura de Wright (Kathryn Smith) Grandes propiedades Casa Liliane y Edgar J. Kaufmann, 1935 Casa Herbert Johnson, 1937 Taliesin West, 1938 Casa C. Leigh Stevens, 1939 Casa Arch Oboler, 1940 La casa usoniana Planta en L Casa Herbert y Katherine Jacobs I, 1936 Casa Stanley y Mildred Rosenbaum, 1939 Casa Loren B. Pope, 1939 Casa James B. Christie, 1940 Casa Sara y Melvyn Smith, 1946 Casa Charles Weltzheimer, 1947 Planta lineal Casa Malcolm Willey, 1933 Casa Goetsch-Winckler, 1939 Casa Theodore Baird, 1940 Casa Seamour y Gerte Shavin, 1950 Casa Karl Staley, 1950 Casa Ray Brandes, 1952 Casa Paul e Ida Trier, 1956 Flotante Casa John C. Pew, 1938 Casa Lloyd Lewis, 1939 Casa George Sturges, 1939 Casa Georg y Elisabeth Affleck, 1940 Casa Frank Sander, 1952 Variaciones usonianas Casa Ben Rebhuhn, 1937 Casa Henry Neils, 1949 Casa Edward Serlin, 1949 Casa John Carr, 1950 Casa Gabrielle y Charlcey Austin, 1951 Casa Quintin y Ruth Blair, 1952 Casa John y Catherine Christian, 1954 Casa Donald y Virginia Lovness, 1955 Cottage Lovness, 1958 5. La utopía en construcción Las usonianas automáticas de Frank Lloyd Wright (Eric Lloyd Wright) La casa ultramoderna Casa Lowell y Agnes Walter, 1945 Casa Herman T. Mossberg, 1946 Casa Richard y Madelyn Davis, 1950 Casa Isadore y Lucille Zimmerman, 1950 Casa Harold Price Jr., 1953 Casa Cedric y Patricia Boulter, 1954 Casa Gloria Bachman y Abraham Wilson, 1954 Casa John Rayward, 1955 Casa Maximilian Hoffman, 1955 Casa Conrad Edward y Evelyn Gordon, 1956 Cottage Seth Condon Peterson, 1958 Sistemas de casas Camesto Casa Raymond Carlson, 1950 Casa Louis Penfield, 1952 Usonianas automáticas Casa Gerald B. Tonkens, 1954 Casa Elizabeth y William Tracy, 1954 Casa Toufic Kalil, 1955 Casas prefabricadas Marshall Erdman Casa Celeste y Socrates Zaferiou, 1961 Vivienda colectiva Torre Price, 1952 Nuevas geometrías Líneas oblícuas Casa Jean y Paul Hanna, 1936 Casa Mrs. Clinton Walker, 1948 Casa William y Mary Palmer, 1950 Casa Roland y Ronny Reisley, 1951 Estudio Archie y Patricia Teater, 1952 Casa I. N. Hagan, 1954 Líneas curvas Casa Herbert y Katherine Jacobs II, 1944 Casa Lillian y Curtis Meyer, 1948 Casa Sol Friedman, 1948 Casa Kenneth y Phyllis Laurent, 1949 Casa Wilbur Pearce, 1950 Casa Clifton y George Lewis, 1952 Casa Llewellyn y Elizabeth Wright, 1956 Casa Aime y Norman Lykes, 1959 Epílogo (Margo Stipe) Plantas de las casas Relación de casas Notas Bibliografía selecta Índice de nombres |
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Texto de la introducción: ’Introducción Frank Lloyd Wright atrae la atención. Ningún otro arquitecto norteamericano ha inspirado más páginas, libros y referencias en la cultura pop. Durante gran parte de su vida profesional fue un genio autoproclamado y autopromocionado. La opinión crítica y profesional coincidió generalmente en lo justificado de tal afirmación. En su larga carrera, Wright proyectó iglesias, museos, palacios de justicia, edificios de oficinas, morgues y gasolineras, pero se le conoce principalmente como arquitecto residencial. De los aproximadamente 430 edificios que llegó a construir, 260 fueron casas. Wright fundó su arte en las encrucijadas de la vida norteamericana, en la frontera entre la sociedad y la vida privada, en los suburbios entre la ciudad y el campo. En el conjunto de este libro puede apreciarse la evolución de un arquitecto y de un artista. Sus proyectos son universales; abordaron las tendencias sociales imperantes a lo largo de los 92 años de vida del autor: los cambios en la familia norteamericana, la adopción del coche, el desplazamiento a los suburbios, la vivienda en serie en una cultura consumista, el uso de los nuevos materiales de construcción generado por la tecnología, el embelesado interés por los valores y por el paisaje norteamericanos. Además de sensibles a esas grandes tendencias, sus proyectos son sumamente personales. Normalmente, los edificios de Wright son inconfundibles; recogen sus preocupaciones políticas y filosóficas, su tempestuosa vida personal, su personalidad autoritaria, en la medida en que siempre asumió el papel de genio en conflicto con el comercio y la cultura de la sociedad moderna. A menudo daba rienda suelta a su exacerbado espíritu de contradicción y adoptaba puntos de vista polémicos por el mero placer de hacer ruido y obtener publicidad. Abrazó el progreso, pero sin plegarse incondicionalmente a su relativamente benigna tiranía. Cuarenta y seis años después de su muerte, esta personalidad extraordinaria sigue resultando tan compleja como siempre. Pese a su condición de autócrata artístico, la figura de Wright ha llegado a ser la del arquitecto populista por excelencia, cuyo nombre asocia todo el mundo, incluso los menos familiarizados con la arquitectura, con la profesión de arquitecto. Algo de su existencia ha sobrevivido. Y aún hay otro giro irónico: en nuestra cultura de masas, lo que más se suele recordar y asociar con el diseño del siglo XX no son las exuberantes formas orgánicas de Wright, sino las líneas minimalistas de la Bauhaus y el estilo internacional, que él repudiaba. Wright, el gran individualista, sigue estando enfrentado con las tendencias del gusto establecido. Así pues, ¿quién fue este arquitecto? Su soberbia autopromoción, ahora elevada a la calidad de mito, oscurece la respuesta. No obstante, para aprovechar al máximo hoy la extraordinaria envergadura y todo el virtuosismo de sus edificios e ideas, es preciso desenmascarar el desgastado y trillado mito Wright y crear uno nuevo basado en los hechos, especialmente en los hechos encarnados por sus casas. Para ello, tenemos que volver a fijar la mirada en algunos aspectos de ese mito, con la esperanza de discernir entre lo accesorio y lo esencial en la figura de este ‘mago de Oz’ (así lo veía uno de sus ayudantes). El mito del genio. A menudo se cita el comentario de Wright de que se sacaba los proyectos de la manga, como si el genio fuera una segunda naturaleza en él o de la misma manera que el resto de los mortales estornudamos. Nacido en buena medida de la prosaica necesidad de proteger su territorio profesional, y también de su ego, este mito protector, como las púas de un erizo, servía para alejar competidores y tranquilizar a sus clientes potenciales. En la última etapa de su vida, el mito le fue de gran utilidad en su inusual negocio para atraerse un flujo constante de clientes. Y pasado más de medio siglo de su muerte, ha conseguido mantenerle vivo como figura arquetípica de la arquitectura. Pero si sólo hubiera sido un genio preordinado para la grandeza, sus logros habrían perdido importancia con el tiempo. La verdad es que trabajó y sufrió lo suyo para conseguir unos diseños tan sumamente imaginativos. El mito del genio ingenieril intuitivo. Seguramente debió surgir a raíz de la supervivencia del famoso hotel Imperial de Tokio tras el terremoto de 1923, pero oportunamente se pasó por alto el derrumbe de la menos conocida casa Fukuhara en el mismo terremoto. Legendariamente, su talento intuitivo ingenieril se demostró en la exhibición de resistencia de las esbeltas columnas en forma de seta del edificio para la compañía Johnson Wax (donde los incrédulos funcionarios observaron atónitos una demostración a escala real de la resistencia de las insólitas columnas) y los asombrosos voladizos de las terrazas de la casa de la Cascada (de la que el incrédulo contratista se negaba a retirar el encofrado de madera de la estructura, por lo que Wright mismo golpeó los puntales con el mazo para liberar los voladizos); sesenta años más tarde, esos voladizos empezaron a combarse peligrosamente y hubo que reforzarlos de un modo exótico para que pudieran seguir mostrando su aspecto ingrávido. El mito de la sinceridad, o la verdad frente al mundo. Wright presentaba la arquitectura y la belleza como verdades absolutas, como fórmulas matemáticas. Según él, la casa verdadera surgía de su emplazamiento específico, de las funciones proyectadas para un cliente determinado y de la esencia de sus materiales y estructura. Si se es sincero con estas condiciones, la calidad del proyecto está asegurada. Y, sin embargo, existen numerosos ejemplos de que Wright no respetó sus reglas: él o sus empleados ocultaron el acero para sostener un voladizo asombroso, o retocó un proyecto concebido diez o veinte años antes para un cliente y un solar determinados, y lo utilizó para otro cliente y otro emplazamiento, casas trasplantadas abruptamente de Hawai a California o de Minnesota a Nueva York. El mito de la profecía. Los grandes arquitectos modelan su cultura a base de escudriñar su presente y su futuro con tanta clarividencia que sus proyectos anticipan las tendencias de la vida, la tecnología y el arte. ¿Anticipó la obra de Wright el futuro, es decir, nuestro presente? Podríamos decir que a medias. La planta libre y la vida informal de las casas norteamericanas desde la década de 1950 son conceptos que ya aparecían en las casas de la pradera de principios del siglo XX. Sus proyectos de planeamiento suburbano son más relevantes y actuales para el momento presente que, por ejemplo, la Ville Radieuse de Le Corbusier. En cambio, las cocheras de Wright abiertas por los lados han sido sustituidas hoy día por garajes para tres coches, que resultan más prácticos y confortables. El mito de la fidelidad a la naturaleza de los materiales. Wright solía adiestrar a sus ayudantes permitiéndoles construir con sus manos, con el fin de que captaran el carácter esencial de los materiales. Sin embargo, frecuentemente a lo largo de su carrera utilizó los materiales de forma inadecuada, llegando a exigir prestaciones excesivas a materiales nuevos e insuficientemente ensayados, hasta sobrepasar los límites de sus capacidades. ‘Es increíble cómo da un giro de ciento ochenta grados y hace exactamente lo contrario de lo que antes dijo que no debía hacerse’, escribió uno de sus ayudantes. Esos fallos resultaron clamorosos en ocasiones. Por ejemplo, el clima lluvioso y frío de Benton Harbor causó daños importantes a la delicada piedra de la casa Anthony. El bloque de la casa Ennis se está deshaciendo literalmente. Son dos ejemplos de experimentos constructivos carentes de la cualidad de la durabilidad. En esto, Wright no fue ni mucho menos un caso único entre los arquitectos del movimiento moderno, hechizados por los nuevos materiales. Sin embargo, en todos esos mitos había algo de verdad. Es rigurosamente cierto que Wright tuvo la audacia y la voluntad de romper fronteras, ya fueran estructurales, artísticas o sociales. Ésta es la cualidad que hizo Wright fuera quien fue, ya fuera en una presentación pública a bombo y platillo, como en la soberbia unidad de una casa y una cascada. Pero su genio y audacia no siempre le condujeron a buen puerto, de modo que es bueno separar el mito del arquitecto como trabajador. Pero tal vez sea aún más acertado y útil considerarlo no como un semidiós, sino simplemente como un gran proyectista de talento que moldeó vigorosamente su entorno de trabajo de manera que le permitiera trabajar como él deseaba. La carrera de Wright revela un equilibrio de la teoría -organización abstracta de espacios y estructura, dictada por un concepto de vida, construcción y filosofía- con una flexibilidad creativa respecto a las condiciones inesperadas de un proyecto o consigo mismo. Este libro no pretende repetir los exhaustivos volúmenes de los catálogos de William Allin Storrer. Presentamos al lector todas las casas supervivientes de Wright en fotografías explicativas que ofrecen la oportunidad de ver, convenientemente, el caleidoscopio de ideas, formas y espacios que Wright exploró a lo largo de sus cerca de setenta años de carrera. Esas fotografías son una especie de biografía en forma de edificios; en la medida en que el artista Wright se autoexpresó en sus edificios, su vida y personalidad se revelan en estuco, madera, hormigón y vidrio. No se incluyen las muchas más casas que proyectó pero que nunca llegaron a construirse. En términos generales, las casas se agrupan tipológica y cronológicamente, aunque el orden cronológico no siempre es decisivo en la comprensión de la obra de Wright. Proyectos que se quedaron olvidados en el tablero de dibujo en la década de 1920, reaparecen como obras realizadas en la década de 1950. Una buena idea no estaba ligada necesariamente a un año particular en la arquitectura orgánica. Esos proyectos revelan las influencias personales, tecnológicas, profesionales y culturales que recibió el arquitecto en todo ese tiempo. Algunas ideas se introducen y refinan, otras siguen evolucionando con nueva vida durante toda su carrera. Algunas más se ensayaron fugazmente, para ser abandonadas a continuación; observar estos detalles resulta fascinante y permite que nos hagamos una composición de lugar acerca de su proceso artístico de selección y rechazo de ideas. El lector puede plantear sus hipótesis del por qué. En sus escritos y conferencias, Wright gustaba de presentar su arquitectura como el resultado inevitable de principios fundamentales. Pero no es menos cierto que fue también reflejo de su personalidad y de sus singularidades, su ego y sus reveses, su vida y su tiempo, manifestados en ocasiones con franca rudeza en sus edificios. El ego tuvo un amplio papel en su carrera; en una ocasión juzgó una de sus obras maestras como ‘una gran casa para un gran hombre’, arreglándose hábilmente para agasajar de una sola vez a su propietario, Frederick Robie y a sí mismo. No obstante, como las fotografías a continuación se encargan de revelar, la arquitectura de Wright se mantiene asombrosamente fresca y llena de ideas magistralmente ejecutadas. Las páginas siguientes evidencian toda una vida de esfuerzo. ‘ Copyright del texto: Allan Hess Copyright de la edición: Editorial Gustavo Gili SL |
| Editorial | David N. Buck |
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| cubierta_descargable | /uploader/ebd546ad31bdfd69185328ae484f9735.jpg |
| Encuadernacion | Tapa dura con sobrecubierta |
| Fecha de edición | 1 mar 2006 |
| Fecha de tirada | 1 mar 2006 |
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