Balenciaga

Modisto de modistos

El modisto español Cristóbal Balenciaga (1895-1972) se ha convertido, más de tres décadas después de su muerte, en una figura legendaria en la historia de la moda del siglo XX. Su nombre remite a diseños de la máxima calidad, caracterizados por su carácter escultural, una hábil manipulación de los tejidos y el espectacular uso del color. Balenciaga, modisto de modistos, examina la práctica del diseño de Balenciaga y su estrategia comercial, desde el contexto local y temporal en el cual aprenderá su oficio hasta su acceso a la escena internacional de la moda donde, con su obra, alcanzó el más alto grado de fama y prestigio.

Descripción técnica del libro:

21 x 24 cm
128 páginas
Español
ISBN/EAN: 9788425221941
Tapa dura con sobrecubierta
2007
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El modisto español Cristóbal Balenciaga (1895-1972) se ha convertido, más de tres décadas después de su muerte, en una figura legendaria en la historia de la moda del siglo XX. Su nombre remite a diseños de la máxima calidad, caracterizados por su carácter escultural, una hábil manipulación de los tejidos y el espectacular uso del color. Balenciaga, modisto de modistos, examina la práctica del diseño de Balenciaga y su estrategia comercial, desde el contexto local y temporal en el cual aprenderá su oficio hasta su acceso a la escena internacional de la moda donde, con su obra, alcanzó el más alto grado de fama y prestigio.


Índice de contenidos:



Agradecimientos
Nota de la autora
Prefacio a la segunda edición en inglés

Introducción
Capítulo Uno: Un español en París
Capítulo Dos: Del tejido a las colecciones
Capítulo Tres: Estrategia comercial
Capítulo Cuatro: Clientas y prendas
Conclusión
Epílogo: Legados

Notas
Bibliografía seleccionada
Apéndice 1: Cronología
Apéndice 2: Glosario
Apéndice 3: Balenciaga en el Victoria and Albert Museum
Apéndice 4: La Casa Balenciaga, París, 1950-1954
Índice temático
 


Texto del prefacio:

‘Prefacio a la segunda edición en inglés

Cristóbal Balenciaga (1895-1972) y Christian Dior (1905-1957) dominaron la alta costura parisina, rápidamente cambiante, tras la II Guerra Mundial. Ambos representaron dos enfoques del diseño de moda diametralmente opuestos: mientras Balenciaga era reservado ante las cámaras y reacio a los extremos de la explotación comercial, Dior adoptó vigorosamente su personaje mediático y propugnó de buena gana nuevos métodos de venta mediante la concesión de licencias.

La prensa honró a ambos con una cobertura similar y elogió sus respectivos talentos, a pesar del abismo existente entre sus personalidades y sus ejercicios de la profesión. Dior se inclinaba ante Balenciaga y, con toda la humildad de un joven esperanzado, afirmaba: ‘Yo soy Dior gracias a Balenciaga’; en su autobiografía, Dior par Dior, declaraba ante el mundo que su competidor era ‘maestro de todos nosotros’ (‘notre Maître de tous’). De este modo, Dior reconocía la larga experiencia y la consumada destreza de Balenciaga, una experiencia y una destreza que sobrevivirían a Dior, quien murió relativamente joven. En el cincuentenario de su muerte, y coincidiendo con el septuagésimo aniversario de la inauguración de la Casa Balenciaga en París, es oportuno que el Victoria and Albert Museum celebre los logros de estos hombres en el contexto de sus homólogos franceses y británicos mediante una gran exposición de prendas, tejidos y accesorios provenientes de los últimos años dorados de la alta costura, de 1947 a 1957. La exposición va acompañada de un libro que ofrece una visión de la alta costura desde varias perspectivas y también ha apadrinado esta segunda edición de Balenciaga. Creemos de justicia que el gran Balenciaga, por los altos estándares que estableció mediante el ejercicio de su profesión, sea objeto de una monografía de estas características. Estoy agradecida a Claire Wilcox y a Christopher Breward por sugerir y respaldar la publicación de esta nueva edición de mi texto original de 1993, glamourosamente ilustrada, y a Mary Butler y a su equipo por su atención a los detalles en la creación de una obra que es un reconocimiento al éxito alcanzado por el maestro.

Desde 1993, muchas cosas han cambiado en los anales de la historia de la moda y en la propia moda. En los primeros años noventa era difícil encontrar textos fiables acerca de la producción y el consumo de alta costura, y de la relación de ésta con los niveles de mercado que son familiares para la mayoría de los consumidores cotidianos de moda. En cambio, abundaban los relatos ‘hagiográficos’ sobre uno u otro diseñador, centrados más en modelos de inspiración que en una persona ‘real’. Estas publicaciones trataban preferentemente sobre los procesos creativos y obviaban la actividad empresarial que se desarrolla tras las prendas o las relaciones entre el diseñador y el consumidor. Demasiado anecdóticas para ser de utilidad a los estudiantes aplicados, muchas de ellas eran además demasiado costosas para su bolsillo. Claramente consciente de estas deficiencias, decidí escribir mi contribución y de un modo didáctico. En el intervalo de una década, rigurosos estudios académicos han comenzado a llenar el vacío de manera significativa, mientras que inspiradoras exposiciones (cuidadamente comisariadas) han puesto de relieve diferentes facetas de la obra de Balenciaga.

Histoires de la mode (1993), de Didier Grumbach, ofrece una visión del sector de la alta costura desde su interior, respaldada por una útil información estadística acerca de su desarrollo, desde la vestimenta exclusiva hecha a medida, pasando por las licencias, hasta el análisis del sistema de franquicias. En comparación, la tesis doctoral de Alexandra Palmer ha arrojado una brillante luz sobre la compleja relación entre la alta costura y sus mercados y consumidoras en el extranjero, y sobre la relación de las propias consumidoras con las prendas de costura. Como es natural, Balenciaga aparece en ambas publicaciones y ha sido también objeto de varias exposiciones de un extremo a otro del globo, como las tres grandes muestras retrospectivas que programadas durante los años 2006 y 2007: la primera en París, en el Musée de la Mode et du Textil, la segunda en el Meadows Museum de Dallas, y la última en España, en el largamente esperado Museo Balenciaga. Éste es el resultado de una subvención de 3,2 millones de dólares del Ministerio de Cultura español, respaldado por el gobierno del País Vasco, por la Familia Real es- pañola y por importantes patronos, como por ejemplo, el diseñador de moda Hubert de Givenchy, el tenor Plácido Domingo y la reina viuda Fabiola de Bélgica. En el año 2000, la Fundación celebró su primera exposición en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid, que resultó ser una acertada elección como recinto, ya que enfatizaba el parentesco de las prendas de Balenciaga con las artes plásticas; muy a menudo, se han comparado con la escultura los diseños de Balenciaga, cuyos colores están en deuda con la densa policromía de los altares renacentistas y barrocos que alberga el mencionado recinto histórico. El futuro museo dedicado a Balenciaga, planificado según determinadas especificaciones y que incluye salas de exposición, un centro de documentación y varios salones de conferencias, será construido en la ciudad natal del diseñador, en un emplazamiento contiguo a la residencia de verano de la primera clienta importante de Balenciaga, la marquesa de Casa Torres. Su cometido es actuar como centro neurálgico de una iniciativa internacional de mayor envergadura, que ‘promoverá, divulgará y hará hincapié en la trascendencia, importancia y prominencia que don Cristóbal Balenciaga ha tenido en el mundo de la moda, específicamente en la Alta Costura como parte importante de la creación artística’. Este museo es mucho más ambicioso, pues, que el Musée Dior de Granville, dedicado al principal rival de Balenciaga durante los años de posguerra y ubicado en la ciudad natal de su homónimo, en la costa normanda.

El estallido de investigación histórica sobre la alta costura y sus creadores ha coincidido con el renacer gradual de la Casa Balenciaga en París. Aletargada durante algunos años tras la muerte del modisto en 1972, ha cambiado de manos dos veces. En 1986, el fabricante de perfumes Jacques Bogart la incorporó a su imperio, y en 1998 el grupo Gucci, bajo la dirección creativa de Tom Ford, se hizo cargo de ella. Durante el primer reinado, una sucesión de diseñadores de moda perfectamente competentes fue incapaz de revivir los buenos tiempos de la casa en la escena internacional; más recientemente, el joven Nicolas Ghesquière, quien se incorporó a la casa en 1995, tomó el testigo del maestro y ha infundido vida de nuevo a la languideciente casa. En la actualidad, Balenciaga aparece de manera habitual en los titulares de moda y se ha apropiado de los puntos calientes de grandes almacenes de lujo como Selfridges. A diferencia de su supuesto modelo a seguir, Ghesquière corteja a la prensa con agrado y se enorgullece de su interés personal por los archivos de la casa.

Todos los escritores, comisarios y diseñadores tenemos una deuda inmensa, y a menudo subestimada, con la antigua archivera de la Maison Balenciaga, Marie-Andrée Jouve quien, entre 1980 y 2003, se aseguró de que la casa adquiriese un número sustancial de las creaciones del maestro (en subastas o dirigiéndose a clientas particulares) que más adelante quedaron bajo la protección del archivo de la casa. Jouve ha compartido con todos nosotros su conocimiento sin parangón sobre el autor y su obra, tanto a través de sus múltiples publicaciones, como en su disposición para entrevistarse con quien tuviera interés en documentar y propagar la obra de Balenciaga. La primera exposición importante organizada por Jouve en Francia tuvo lugar en el Musée des Tissus de Lyon, en 1985. Aquella exposición fue mi introducción en el mundo de Balenciaga y el recuerdo de aquellas salas oscuras, llenas de prendas brillantes como joyas y de documentos procedentes de los archivos, aún permanece en mi mente, rivalizando con el entorno, la iluminación y las piezas en exposición (todos ellos magníficos) de la muestra celebrada en 1994 en la antigua residencia de Mona Bismarck en París. El catálogo de la exposición de Lyon es todavía una valiosa herramienta para comprender el amor de Balenciaga por la moda. Más recientemente, el libro publicado por Pamela Golbin ha dado acceso a documentación inédita (en inglés y en francés) sobre los negocios del modisto, al igual que ha significado una introducción en sus colecciones año por año a través de fragmentos y fotografías de la prensa de moda. El uso que Golbin hace de las entrevistas con los empleados de Balenciaga recuerda de alguna manera el uso de la historia oral realizado por Myra Walker para el catálogo de la exposición sobre Balenciaga en el Texas Fashion Center. Esta última también proporcionó información fascinante sobre los hábitos de compra de algunas de sus clientas y su ‘historia de amor’ con los modelos de Balenciaga, así como la opinion del sobrino nieto sobre su famoso familiar.

Esta segunda edición de Balenciaga (1ª edición: Batsford, 1993) está estructurada de manera similar a la primera porque sigo considerando válido situar los logros de Balenciaga dentro de un contexto. Ningún diseñador nace en el vacío o crece sin determinados valores, estéticos y culturales. La formación oficial y oficiosa (‘el capital cultural’) de Balenciaga nos proporciona el decorado en el que debatir sobre su obra y su negocio. No obstante, he dividido el libro en cinco capítulos, en lugar de cuatro, como expresión de mi reconocimiento a los valiosos elementos para la comprensión del modisto adquiridos a través de la erudición reciente y a partir de fuentes primarias disponibles por vez primera. La información sobre las clientas y sus preferencias es mucho más accesible que anteriormente, debido en gran medida a que muchas han fallecido y sus prendas se han ofrecido a la posteridad a través de legados o de su venta en subasta. He actualizado la bibliografía para incluir la nueva literatura secundaria sobre la alta costura de esta época, las exposiciones retrospectivas y las colecciones de prendas de Balenciaga. He reducido el apéndice que trata sobre las colecciones de diferentes museos y lo he centrado en los fondos del V&A, los cuales no han sido fotografiados en su totalidad, pero muchas de cuyas piezas han sido identificadas con precisión con la ayuda de Marie-Andrée Jouve y Gäel Mamine de los Archives Balenciaga. Además, el lector entendido sabrá reconocer la nueva información acerca de las empresas españolas y su contexto, la relación de Balenciaga con los textiles y su último encargo para Air France. La nueva literatura, por otra parte, amplía más que altera mi discurso original acerca de la naturaleza de la Casa Balenciaga.

Este libro se completa con un diseño y unas imágenes de alta calidad, que han sido posibles gracias a los avances en la reproducción del color. Las fotografías buscan captar el entorno en el que Balenciaga vivió y trabajó (ciudades, calles y casas), algunos de sus modelos icónicos menos conocidos y las selecciones de prendas de algunas de sus clientas. Constituyen el homenaje apropiado para un hombre famoso por su cuidadosa selección del color, así como por su placer al crear la petite robe noir perfecta. Para nuestra satisfacción, este breve libro verá la luz exactamente 70 años después del mes posterior a la presentación al público de las prendas de Balenciaga en su primer desfile de moda en la Avenue Georges V.

Lesley Ellis Miller
Departamento de mobiliario, textiles y moda
Victoria and Albert Museum’

Copyright del texto: sus autores
Copyright de la edición: Editorial Gustavo Gili SL
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Texto de la introducción:

‘Introducción

Si Dior es el Watteau de la costura (lleno de matices, chic, delicado y oportuno), entonces Balenciaga es el Picasso de la moda porque, como el pintor, Balenciaga guarda un profundo respeto por la tradición y posee un depurado estilo clásico que subyace a todos sus experimentos con lo moderno. (Cecil Beaton)

Cristóbal Balenciaga Eisaguirre (1895-1972) fue quizá el diseñador de moda español más conocido del siglo XX y su carrera ha sido esbozada en multitud de libros y artículos. Así, es bien sabido que su vida comprendió tres fases: entre 1895 y 1935-1936 vivió en España, se formó como sastre en San Sebastián (Donostia) y Madrid, y abrió sus establecimientos de costura en estas ciudades; en 1937 alcanzó la fama en París al inaugurar la Casa Balenciaga, que dirigió durante treinta y un años; y desde 1968 vivió retirado hasta su muerte en 1972, a los 77 años de edad. Los hechos en sí mismos son claros y simples, pero existe escaso material sobre sus inquietudes y sus puntos de vista, y sobre las fuerzas que han motivado el enorme éxito de su carrera. La obsesión de Cristóbal Balenciaga con su privacidad (una preocupación poco habitual en los anales de una profesión notoria por sus proclamas, sus exageraciones y su amor por la autopromoción) es en parte responsable.

Desde la muerte de Balenciaga se ha llevado a cabo muy poca investigación histórica sistemática sobre su vida o su obra, aunque algunas exposiciones retrospectivas, sus respectivos catálogos y tres libros han comenzado a situarlas con perspectiva. Todos ellos son deudores de la dedicada labor de investigación y catalogación llevada a cabo por Marie-Andrée Jouve, archivera de la Casa Balenciaga desde 1980 hasta el año 2003. Como experta en la vida y los diseños del modisto, ha visitado y documentado no sólo las extensas colecciones de sus prendas y dibujos que se conservan en París, sino también las que se hallan en otras grandes ciudades del mundo. La colección de la que fue conservadora es significativa por derecho propio y está formada por unas 600 prendas de Balenciaga, 400 accesorios (sombreros y joyería), algunas glasillas (1960-1968), 40.000 bocetos de estudio (1930-1968) y 15 películas con desfiles de modelos (1960-1968). Este particular archivo se utiliza hoy en día como fuente de inspiración para crear nuevas colecciones y también como base de una nueva línea llamada ‘Edition’, realizada por el actual diseñador de la casa, y se encuentra en proceso de digitalización lo que facilitará el acceso a una mayor cantidad de información. En resumen, existe abundante prueba material sobre la pericia de Balenciaga en la profesión que él mismo eligió y seguramente descubriremos nuevos datos en investigaciones futuras.

Hasta ahora, en el Reino Unido nunca se había celebrado una exposición sobre Balenciaga y este libro representa el único intento británico de tratar la vida y la obra del modisto desde la publicación que Cecil Beaton le dedicara en los años cincuenta. Beaton sentía especial afecto por Balenciaga, con quien inició una amistad de por vida en Nueva York en un momento en el que ambos sentían nostalgia por sus hogares. Algunos de los retratos más íntimos del modisto y de su familia y amigos fueron el resultado de esta amistad con Beaton, amistad que abarcó dos continentes y dos décadas -y llevó a las primeras donaciones de sus vestidos al Victoria and Albert Museum-. Este libro tiene una intención semejante en cuanto a la internacionalidad de su alcance, pues se basa en investigaciones llevadas a cabo en Francia, España, el Reino Unido y Estados Unidos, y utiliza fuentes variadas para construir una nueva visión del diseñador y de su obra.

Cristóbal Balenciaga llegó a París en los años treinta, cuando el nacionalismo era un asunto importante en la política europea y también se estaba convirtiendo en un asunto importante en la alta costura parisina, ya que de los 40 diseñadores que ejercían como creadores de alta costura, los más destacados eran extranjeros: Schiaparelli era italiana, Molyneux irlandés, Piguet suizo y Mainbocher estadounidense. No es sorprendente, pues, que Balenciaga se convirtiese casi inmediatamente en el ‘español’ en París y se beneficiase de la atención de la prensa de moda, que le apoyó en bloque desde 1938 en adelante (cuando únicamente había presentado su segunda colección en la capital francesa), según prueba este cautivador pie de foto: ‘¡Inspiraciones desde España! Balenciaga es joven, español y nuevo en París. Sus bellas prendas poseen el drama cálido y colorido de su país’.

Balenciaga fue uno de los pocos diseñadores extranjeros que siguieron ejerciendo en París durante la II Guerra Mundial y que mantuvo su éxito inicial con sus colecciones de posguerra. Su reputación de ir varias temporadas por delante de la moda se acrecentó con el transcurrir de los años 40 y 50. Sin embargo, las alusiones al carácter español de su obra siguieron siendo destacadas tanto en la prensa de moda como en la especializada. Por ejemplo, en noviembre de 1949, la revista especializada Silk and Rayon informó sobre su colección de otoño y observaba que el ‘habilidoso uso de la pasamanería’ sobre un ‘tafetán gris pálido con holgados paneles laterales’ ponía de manifiesto la sangre española de su autor.

Balenciaga no sólo fue capaz de sobrevivir a la guerra, sino que también mantuvo su posición como uno de los pocos españoles que intentaron infiltrarse en la escena de la moda parisina. Su contemporáneo Pedro Rodríguez, quien dejó España aproximadamente al mismo tiempo que Balenciaga, regresó a su país al acabar la Guerra Civil española. Perteneciente a una generación posterior, Antonio Cánovas del Castillo trabajó para la casa francesa Lanvin desde 1950. Sus logros se vieron reconocidos en el nuevo nombre compuesto de la casa, Lanvin-Castillo, y el modisto apareció en la mayoría de las revistas de moda de los años cincuenta y principios de los sesenta. Sin embargo, tras su marcha de Lanvin perdió relevancia, y su propia casa, Castillo, sólo sobrevivió cuatro años (1964-1968). Irónicamente, se retiró el mismo año que Balenciaga. Muchas de las características de la obra de Balenciaga aparecen también en la de su compatriota: la habilidad en el uso de la pasamanería y del encaje, y las llamativas combinaciones de color.

Así pues, durante 31 años, de 1937 a 1968, Balenciaga fue, a todos los efectos, el único modisto español en París. En 1973, un año después de su muerte, su relación con España fue inmortalizada en la exposición retrospectiva de su obra organizada por Diana Vreeland en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York. Vreeland hizo colgar importantes obras de arte español junto a sus prendas y acompañó el montaje con música de castañuelas. En su autobiografía, Vreeland volvió a insistir en la deuda de Balenciaga con España: ‘La inspiración de Balenciaga provenía de las plazas de toros, de los bailarines de flamenco, de los holgados blusones que llevan los pescadores, del frescor de los claustros’, aunque ella no fue la última en subrayar la españolidad de Balenciaga. Incluso en los años noventa, la Casa Balenciaga continuaba la tradición en la publicidad de sus nuevos productos; por ejemplo, la promoción de una nueva fragancia masculina reforzó el mensaje en 1990: ‘Otro creador, otro perfume, el tercero de Balenciaga, llamado sencillamente ‘Balenciaga Pour Homme’. Un frasco blanco mate, rematado por un tapón de color turquesa y dorado, con reminiscencias del sol y del mar. ¡Balenciaga, con raíces mediterráneas (y españolas), reconocido, afamado y glorificado!’.

Tras una fachada que no mostraba ninguna contradicción entre la nacionalidad de Balenciaga y su evidente bienestar en el ámbito de la alta costura parisina, existen muchas preguntas. Los siguientes capítulos se centran en diferentes aspectos de la larga y variada vida de Balenciaga: sus orígenes y su lealtad hacia España, las características de su diseño de moda, su modelo de empresa y la gestión de la misma, la identidad y la fidelidad de su clientela, y finalmente, a modo de epílogo, la supervivencia y el resurgir de la Casa Balenciaga hasta el presente.’

Copyright del texto: sus autores
Copyright de la edición: Editorial Gustavo Gili SL
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Editorial David N. Buck
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Encuadernacion Tapa dura con sobrecubierta
Fecha de edición 1 ago 2007
Fecha de tirada 1 ago 2007
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